Monopolio de la violencia del mundo occidental

Monopolio de la violencia del mundo occidental

Si intentan levantar la cabeza deben ser aplastados por la reacción internacional aunque fuera como un acto de terrorismo, que será elogiado como una causa noble. Si resisten en silencio, su desgracia puede ser ignorada, la historia imparte pocas lecciones manifiestas.

Los Estados Unidos están privatizando la instrucción y dirección de atrocidades, al igual que su ejecución, bajo el pretexto de lucha contra el narcotráfico, a mano de empresas privadas (Blackwater, MPRI, Dyncorp…), financiadas por Washington. Estas empresa contratan mercenarios para la guerra y aparecen como una empresa muy versátil que presta múltiples servicios a los militares norteamericanos repartidos en unas 1.500 bases alrededor del mundo, pero, en esencia, se tratan de una compañía que recluta y contrata mercenarios para el desarrollo de operaciones de guerra que, por diversas circunstancias, no pueden o deben ser ejecutadas por las fuerzas regulares de los Estados Unidos.

Por ejemplo, en Colombia, los Estados Unidos impulsan oficialmente la guerra contra el narcotráfico, pero, niegan la guerra contra la insurgencia. Sin embargo la guerra existe y de ella se ocupa DynCorp, fundamentalmente entrenando y dirigiendo a los batallones contrainsurgentes y a las fuerzas paramilitares.[1]

Los EEUU privatizan la ayuda militar y subcontrata a la MPRI, (Recursos Militares Profesionales Inc.). El personal militar americano alistado en Colombia, cuya media es de 250 en un día cualquiera, tiene órdenes de llevar a cabo sólo actividades en la lucha contra la droga, incluyendo el entrenamiento de tres batallones anti-droga. Pero la administración de Clinton, de forma silenciosa, ha contratado un grupo de alto nivel formado por antiguo personal militar de Estados Unidos, cuyo trabajo excede el simple objetivo de la lucha contra la droga y cuya intención es convertir las fuerzas militares de Colombia en una máquina de guerra de primera clase capaz de vencer a la insurrección izquierdista de varias décadas.

 

El antiguo jefe de los servicios secretos israelíes, Shlomo Gazit, un alto oficial de la administración militar en sus primeros tiempos, describió la ocupación de 1985 como un “éxito”. La población no causaba problemas. Había samidin (resistentes)  que no levantaban la cabeza. El objetivo principal se había conseguido, “impedir que los habitantes de los territorios ocupados participaran en la configuración del futuro político de la región o que fueran considerados socios para las relaciones con Israel”.  Eso implicaba “la prohibición absoluta de toda organización política, por cuanto todo el mundo entendía claramente que si se permitía el activismo y la organización política, sus lideres podrían participar en los asuntos políticos”. Las mismas consideraciones exigen “la destrucción de toda iniciativa y todo esfuerzo por parte de los habitantes de los territorios (palestinos ocupados) que sirve como conducto para negociaciones, que sea un canal para el liderazgo árabe palestino fuera de la región”. Noam Chomsky. Piratas y emperadores. Página 27.

Henry Louis Mencken (23 de septiembre de 1880-29 de enero de 1956) fue un periodista y crítico social, conocido como el “Sabio de Baltimore”. A menudo se le considera uno de los escritores más influyentes de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX. Fue defensor de la libertad de conciencia y de los derechos civiles. Se opuso a la persecución, la injusticia y al puritanismo opresor. Describió en lo siguiente, a los cuentos del poder, negando la creencia de las fantasías por las fábulas que se hacen pasar por realidad y casi siempre funciona. Nacionalismo, determinadas ideologías de ciertos partidos son esos cuentos. Cuando encuentres un relato en el que hay buenos y malos, un problema inminente y acuciante, y una solución que consiste en que te portes como el poder desea de ti, estás ante un cuento del poder. Tienen un objetivo. Probablemente quien mejor lo describió, después de Maquiavelo, fue H. L. Mencken:

La civilización está siendo cada vez más llorona e histérica. Especialmente bajo las democracias tiende a degenerar en una mera lucha de fantasías. El objetivo real de la política práctica es mantener alarmado al populacho y en consecuencia aclamado para ser conducido a la salvación y la seguridad mediante una serie interminable de fantasmas y peligros, en definitiva son problemas y “malos” imaginarios. Recordemos el cuento de las Armas de destrucción Masiva de Saddam Hussein, y la compra del uranio de Niger, y hoy día nos bombardean con el cuento de la  bomba nuclear de Irán.

En referencia al golpe contra Mossadeq y que derrocó su gobierno elegido democráticamente en 1953, y ayudado por la CIA, más tarde The New York Times 6 de agosto 1954 definió como el perfecto ejemplo para los países subdesarrollados ricos en recursos naturales. Lo peor es que, igual que Estados Unidos, Israel posee modernísimos aviones de ataque y sofisticadas armas nucleares suministradas por Estados Unidos, que lo convirtió en la sexta potencia nuclear del planeta por su poder de fuego, siendo una entre las ocho reconocidas como tales, que incluyen a la India y Pakistán.
El Sha de Irán había sido derrocado por el Ayatollah Ruhollah Jomeini en 1979 sin emplear un arma. Estados Unidos le impuso después la guerra a aquella nación con el empleo de armas químicas, cuyos componentes suministró a Irak junto a la información requerida por sus unidades de combate y que fueron empleadas por éstas contra los Guardianes de la Revolución.

Hoy, en 2010, tanto Estados Unidos como Israel, después de 31 años, subestiman al millón de hombres de las Fuerzas Armadas de Irán y su capacidad de combate por tierra, y a las fuerzas de aire, mar y tierra de los Guardianes de la Revolución.

Israel considerado como la barrera a las presiones nacionalistas radicales al servir de base para hacer respetar los intereses de los EEUU en la región fomentada por el “Punto Muerto” de Henry Kissinger que ideó la política de oposición confrontacional y radical a un verdadero acuerdo político de paz duradera, y que ha dominado la política norteamericana que cedió al ver en Israel la baza estratégica desempeñando la misión del control norteamericano en la región mediante la amenaza y el uso de la fuerza devastadora y siempre recorriendo al derecho de veto en el Consejo de Seguridad para bloquear toda solución que no beneficie a Israel. No cabe duda que esta política es la que hoy día impide al fin y al cabo la integración de Israel  en la región. Corolario lógico de la oposición al nacionalismo árabe sería apoyar a Israel como la única potencia prooccidental en Oriente Próximo.

Igualmente, debe de haber apoderados locales que desempeñan responsabilidades regionales dentro del “marco general del orden” trazado por los EEUU, en palabras de Henry Kissinger.

Cuando EEUU y sus satélites son los agentes responsables de las atrocidades terroristas, estas desaparecen del historial informático, o más bien, se transforman en actos de represalias y de autodefensa al servicio de la democracia y de los derechos humanos. Ahora resulta todo como actos de terrorismo si se ejecutan por los enemigos tradicionales de EEUU y de Israel. “ni la moral ni la tradición judía pueden utilizarse para desautorizar el terror como medio bélico” escribió en su día Yitzhak Shamir en el periódico de la organización terrorista, Lehi, que él mismo encabezó.

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