CONSTANTES DE LA CAUSA PALESTINA

Constantes de la causa palestina

¿Serían cuestionables?

La cuestión de Palestina es también la cuestión del pueblo palestino. “La causa de los refugiados palestinos se considera como una profunda cicatriz en la conciencia de la
humanidad, que se abrió a partir de la violación de los derechos humanos del pueblo palestino.

La historia moderna no ha presenciado un proceso de desalojo total de un pueblo y dueños de sus tierras por intrusos provenientes de diferentes partes del mundo como ha ocurrido en Palestina desde comienzos del siglo XX. Todo ello gracias al colonialismo británico sionista, que facilitó los primeros pasos para convertir a la minoría judía en una mayoría dominante sobre la base de la expulsión y desalojo de los derechos del pueblo árabe de Palestina, obligándolo a una diáspora por casi todos los países del mundo”.[1]

No podemos ignorar las circunstancias inducidas por, y gracias al mandato británico a finales de la Primera Guerra Mundial, hubieran favorecido la inmigración judía, recurriendo a la fuerza por estos en detrimento de los palestinos hasta el año 1947 y antes
de la primera resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Gracias
a esas circunstancias permitieron incrementar el número de judíos inmigrante y
la adquisición de tierras palestinas: la población judía formaba  menos del 5% de la total tierra palestina
(TP) a primeros del siglo pasado y sus propiedades y bienes no alcanzaban
siquiera esta cifra.

En 1881 vivían en la zona cerca de 20.000 (como lo hacían en casi todos los países árabes), de un total estimado de 470.000 habitantes. Del 11% del año 1920 se incrementó al 30% en 1940 y sus propiedades eran el 6% del total del territorio bajo mandato
británico.

La resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, votada el 29 de
noviembre de 1947, recomienda la partición de Palestina en un Estado judío, un
Estado árabe y una zona bajo régimen internacional particular: 14.000 Km., con
558.000 judíos y 405.000 árabes para el Estado judío, 11.500 Km., con 804.000 árabes
y 10.000 judíos para el Estado árabe, 106.000 árabes y 100.000 judíos para la
zona bajo control internacional que comprende los Santos Lugares, Jerusalén y
Belén. Entre los dos estados se debe establecer una unión económica, aduanera y
monetaria. Aprobada por 33 votos (incluidos los Estados Unidos y la URSS),
frente a 13 votos en contra y 10 abstenciones (incluido Gran Bretaña que espera
tras la resolución de los problemas mantener su influencia), esta resolución
fue rechazada por los árabes y criticada por los sionistas, que a pesar de todo
se adhirieron a ella. La resolución jamás será aplicada y seis meses después de
su aprobación, el 15 de mayo de 1948, el mismo día en que finalizó el mandato
Británico de Palestina y fue proclamado el Estado de Israel, comienza la
primera guerra árabe-israelí[2]. Esta resolución todavía vinculante, pero que no se respetó luego. Como tampoco lo fueron otras resoluciones o disposiciones de Derecho Internacional que Israel rechaza al interferir con su ocupación militar.

Entonces resulta que esta resolución va en contra de la Carta de la sagrada organización, la ONU, así mismo del derecho internacional y  fue tan ilícita como igual lo fue la acordada
partición de Palestina: otorgó el 54% del TP a los inmigrantes que no pertenecieron a la región con el derecho de fundar su estado.

Resulta sagrado reconocer que el derecho de los palestinos en sus tierras nunca fuera
renunciado al reconocérsele la legitimidad de esta propiedad. Es cierto fueron expulsados forzosamente.

Entonces cabe la conclusión que: la propiedad legítima de los árabes palestinos en tierra
palestina es indiscutible. Lo confirma su legado histórico, cultural, y religioso.

Las resoluciones internacionales son ilícitas y en contra del derecho internacional
y de la Carta de las Naciones Unidas. Fueron injustas, favorecieron una parte
sin derecho, en detrimento de la otra con derechos con toda la ley.

El derecho de los palestinos a recurrir a toda clase de resistencia, al considerarse ésta un
derecho bien reconocido por la comunidad mundial de recuperar todos sus derechos, resistir a la ocupación sionista y reclamar el desmantelamiento de todas las colonias en tierras ocupadas es justo y legítimo. Esta ocupación es ilegal desde todos los principios de los organismos internacionales y según el derecho internacional y NO se debe recompensar por dejar de existir y terminar su aplicación siendo considerada la más larga ocupación por su tipo a lo largo de la historia de la humanidad.

No se debe de exigir a los palestinos en primer lugar, a los árabes y la comunidad  internacional el reconocimiento de un estado israelí sin que a la vez se reconozca otro estado palestino, ni tampoco aceptar el carácter judío del estado de Israel.

Las negociaciones a lo largo de décadas han demostrado ser una pérdida de tiempo
para los palestinos, mientras para la otra parte, la israelí, cada vez es la implicación de asentar un status quo nuevo con más complicadas circunstancias para ser resueltas según las resoluciones votadas hasta ese momento.

Hoy día se exige la fundación y el reconocimiento inmediato del estado palestino, y
posteriormente se recurrirá a las negociaciones, entre dos estado, para darles un carácter serio disputadas entre dos partes de iguales derechos internacionales. Así se
otorgará un apoyo internacional a todo lo que se acuerde, exigir su aplicación y su cumplimiento.

A lo largo de décadas se ha demostrado hasta la saciedad que las concesiones por parte de los palestinos, respondidas por más arrogancia e intransigencia israelí, les llevaron hacia la nada sin haber conseguido ninguna de sus reivindicaciones. Sino todo lo contrario, cada vez estos están más divididos, lo que consiguen construir gracias a la contribución de Europa, Rusia y demás países y organizaciones, es salvajemente destruido por la maquinaria militar israelí, están perdiendo más bienes territoriales para dejarlas en manos de inmigrantes sionistas cada vez más radicales, dando esta misma estampa política a los gobiernos sucesivos de Tel Aviv. Estos gobiernos han aprendido la forma de
chantajear a la comunidad internacional y cómo no a su gran patrocinador
financiero y militar y defensor que no dejó de usar su derecho de veto ante
cualquier resolución del Consejo de Seguridad y de los demás organismos y tribunales
de justicia y derechos humanos cuando fallan en contra de Israel.

No debemos aceptar el status quo en Palestina y las resoluciones internacionales referentes al conflicto palestino sean aceptadas únicamente por el lado árabe sin exigir igualmente su cumplimiento por la otra parte. Todos estos cambios geográficos en el mapa de Palestina no pueden ser acordados como un hecho consumado y deben de aceptarse como base de futuras negociaciones. No se debe negociar para salvar lo que queda de lo salvable, y aceptar renunciar a la mayor parte de sus derechos para poder conservar la parte restante que queda entre manos. No se debe forzar ninguna otra concesión árabe sin primero haya un reconocimiento mundial y a todos los niveles de un estado palestino, de lo contrario, estaríamos dando un derecho y un reconocimiento al proyecto neocolonialista
sionista de naturaleza nazi, sí señores, fascista y de tipo nazi, y a la vez racista peor que el último sistema de Apartheid de Pretoria, tan aplaudido su derrocamiento por la comunidad internacional hace casi tres décadas.

Los acontecimientos han demostrado la ineficacia de toda esta serie de resoluciones de la ONU, ensayos políticos y sobre el terreno que se confeccionaron con mucha inteligencia a espaldas de los árabes para conseguir una concesión tras otra.
Han recurrido a engañar a éstos y al mismo tiempo, demostraron su incapacidad de llevar a cabo cualquiera de las promesas ofertadas a los palestinos. Pero, en su lugar, nos encontramos enfrentados al chantaje sionista con exigencias injustas e inalcanzables para los palestinos.

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