CONSTANTES DE LA INTRANSIGENCIA ISRAELÍ

 

¿Hasta cuándo serán tolerables?

En los años 1964 y 1968 la Organización para la Liberación de Palestina OLP aceptó rebajar sus exigencias en su Carta Constitucional, respecto al derecho en Palestina, y
aceptó fundar su estado sobre tan sólo el 22% del Territorio Palestino (TP).

La resolución 242 del Consejo de Seguridad en 1967 consideró todos los territorios
anexionados a Israel después del la guerra iniciada el 5 de junio de ese mismo
año, como territorios ocupados con todo lo que ello conlleva de reconocer y
salvaguardar los derechos humanos de los habitantes bajo ocupación según la
Carta de Roma.

Desde la visita del presidente egipcio Anwar el Sadat el 20 de noviembre de 1977 a El
Knesset se perdería definitivamente la esperanza de la lucha armada para
recuperar esos derechos. Sadat fue asesinado el 6 de octubre de 1981 por motivo
de aquella visita, durante un desfile militar conmemorando el aniversario de la
guerra de octubre de 1973, a manos de dos soldados “islamistas”.

Desde entonces los árabes y particularmente los palestinos se encontrarían inmiscuidos en una misión dinámica de maratonianos negociadores que no condujo a nada. Sus
resultados fueron de lo más decepcionante; una frustración tras otra, cada vez
más tierra usurpada, los ciudadanos palestinos se encontrarían sin derecho de
construir en sus propias tierras y cada día se les cerca en áreas sin
infraestructura ni agua ni servicios, son considerados simplemente unos
ciudadanos (si se les puede llamar como tal), de segundo y de tercer rango,
gracias, en particular, a la política de Apartheid y de segregación y al
racismo global practicado por todos los gobiernos de Israel.

Esta frustración del pueblo palestino le compelió, para recuperar y defender sus
derechos, a practicar toda clase de resistencia que es algo muy sagrado y bien
reconocido, como derecho legítimo de todo pueblo, por todas las naciones y las
organizaciones excepto, por supuesto, por los propios israelíes y por su
defensor norteamericano, y por algún otro país europeo cuando éste cede al
chantaje de aquellos. Curiosamente, los únicos dos países que practican el
terrorismos son EEUU e Israel, al tiempo que acusan a otros de ser estados
terroristas.

En 1988 comenzó la Primera Intifada, la insurgencia de la piedra, pero los
patrocinadores de las negociaciones (a saber, principalmente, EEUU, la URSS,
Francia, Noruega, Gran Bretaña) consiguieron frenar su impulso gracias a los
acuerdos de Oslo, que llevaron a los palestinos a renunciar aún a más derechos,
impulsados por la desesperación de ver su estado constituido en un plazo de cinco años.

Las negociaciones para resolver el conflicto árabe israelí suelen tomarse a la ligera por los gobiernos israelíes. La Comunidad Internacional encabezada por la administración de Washington puede que tenga directamente la mayor parte de la culpabilidad, pero también la tienen los diferentes gobiernos árabes primero por su debilidad y casi ausencia
en la escena geopolítica mundial y por su discrepancia en materia de intereses
políticos, sin olvidar la complicidad de los palestinos los cuales no saben
cómo mantenerse unidos, en vez de buscar, individualmente, su protagonismo y
así mismo por la carencia de criterio y de sabiduría política que generalmente
son arrastrados para salirse en la foto buscando publicidad personal.

Las esperanzas de la solución desde la Conferencia de Paz de Madrid en octubre de 1991, se perdieron desde ese momento. Gracias a esta Conferencia se acordó la ecuación “tierra por paz”. Por supuesto nada de aquello llegó a plasmarse en la realidad.

En 1993 se firmaron bajo el auspicio de Noruega  los acuerdos de Oslo, siendo su
promotor palestino el actual presidente de la Autoridad Palestina, que se
aceptó su fundación ese año para restarle autoridad al presidente de la OLP,
Yaser Arafat. El 4 de noviembre de 1995 asesinado el otro partícipe israelí,
el  primer ministro Yitzhak Rabin, a manos de un judío radical derechista, aparentemente producto de una conspiración más amplia de fanáticos antipalestinos que comprende a miembros de unidades militares israelíes de elite.

Se confirma hoy día, que las esperanzas son mero espejismo e intento, por parte de Israel, de escaparse hacia delante.

A lo largo de su historia Israel no se desenmascaró en ningún momento para
revelarnos sus verdaderas intenciones.

Desde siempre se negó a reconocerse como estado ocupante.

Tampoco se maniobró en su calendario para cumplir los compromisos demandados por la Comunidad Internacional.

Rechazó definir su frontera y así por no verse obligado a retroceder hasta la línea de alto el fuego anterior al 4 de junio de 1967.

Todo lo contrario, aún sueña con realizar promesas divina y leyendas bíblicas que, hoy día, son inaceptadas por la mente del siglo XXI.

Fomentó la colonización en los TTOO, a pesar de considerarse ilegal, Israel recurre por lo contrario a clasificarla en legales e ilegales para diluir su importancia.

Siempre se dejó caer que son los colonos que rechazan desmantelarlos o los que demandan ampliar las construcciones.

Proclamó unilateralmente a Jerusalén como su capital eterna.

Para colmo, se libró de las responsabilidades de haber causado la creación de más de cuatro millones de refugiados, e hizo todo lo que pudiera humillarles lo mismo que hace con la población indefensa bajo ocupación.

A cambió, se refugia en la excusa de la seguridad cada vez se habla de un estado palestino, o como lo hace últimamente, sacar el proyecto nuclear iraní que también lo ve como una cuestión de amenaza de su existencia, y lo más risible es cuando habla de democracia, cuando pide de la Comunidad Internacional y sobre todo de los negociadores palestinos,
entender su situación política interna para no inmiscuirse en el desmantelamiento de las colonias.

Israel siempre ha echado la culpa al lado palestino por hacerle romper las negociaciones por no haber un socio serio con quien negociar.

Israel rechaza la mano tendida de los árabes para llegar a un acuerdo justo y duradero. De la misma forma elude poner atención a sus intereses con los europeos, ni siquiera con los norteamericanos, lo que explica el egoísmo político cuando ve sus propios intereses por encima de los de cualquier otra nación, sea amiga o no. A los gobernantes hebreos no
les importa el impacto que puedan dejar estas consideraciones en la escena tanto internacional como la regional. Y por ende, Israel recurre siempre a la demoscopia cada vez para refugiarse detrás de una ficticia democracia sus planes colonialistas e imperialista con administración racista nada menos que del estilo del Apartheid de Sudáfrica en detrimento de ciudadano palestino, sea musulmán o cristiano en Palestina.

Si no llegamos a resolver el conflicto estamos asesinando a la esperanza de paz, cuya pérdida fomentará el radicalismo en la región, causa de toda inestabilidad regional como mundial.

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