LOS CICLOS DE LA HISTORIA

Los ciclos de la historia

A lo largo del siglo pasado, el mundo sufrió dos grandes y devastadoras guerras mundiales, cada una provocada por sus factores particulares aunque sin salirse de la dinámica de la evolución social. La Primera Guerra Mundial tuvo como objetivo primordial, ocultado al principio, derrocar a los imperios y monarquías existentes, el imperio Austro-Húngaro, el imperio otomano, el Zarismo en Rusia, y la Segunda Guerra Mundial para deshacerse del colonialismo y apoyar las independencias, aunque se confirmó posteriormente la aparición de independencias encauzadas hacia los mismos intereses colonialistas de antaño. Efectivamente, numerosos países se independizaron de los tradicionales imperios que sobrevivieron hasta iniciado el siglo: Gran Bretaña, Francia, Italia, España como lo más protagonistas para luego caer en las redes de uno de los dos polos mundiales opuestos: los Estados Unidos y la Unión de  Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En 1907 el P.M. británico Henry Campbell-Bannerman formó un comité de algunos eruditos famosos de Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda, Portugal, España e Italia – especializado en historia, geografía, economía, petróleo, la agricultura y el colonialismo – para estudiar las posibles maneras de asegurar la continuidad de los intereses colonialistas europeos. En sus instrucciones a los miembros del comité, dijo: los imperios crecen en el poder y en cierta medida amplían u territorio y luego  comienzan gradualmente a desintegrarse hacia el colapso. Les pidió encontrar una manera de retrasar esta suerte negativa del colonialismo europeo que había alcanzado su punto máximo. Elaboraron sus propuestas en un informe, que concluyó con una declaración afirmando que los peligros que enfrentan los imperios colonialistas estaba en la tierra árabe siempre y cuando estos son liberados, unidos y entran en progreso. Por ello hay que mantener el status quo de divisiones y subdesarrollo y a la gente desunida, ignorante y con continuas rencillas.  “Estos pueblos tienen un única historia, una sola lengua, única fe…considerando seriamente  todos estos factores, un cuerpo extraño debe de insertarse en el corazón de esta nación para encontrarse siempre en guerras destructivas…”,  Del Informe Campbell-Bannerman, 1907. Parece que el informe no había sido publicado oficialmente hasta ahora debido a su importancia histórica y estratégica y su gravedad[1].

La mayoría de los países árabes estuvo bajo colonialismo europeo en la primera mitad del siglo, y el resto estuvo sometido a la orden y al deseo de los extranjeros gracias a la presencia de gobernadores débiles e ineptos, como en Arabia Saudita y los emiratos del Golfo y Omán. Cuando la influencia británica cayó en manos de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, éstos comenzaron su era sometiendo a todos los estado árabes. Se creó el estado de Israel. También se crearon en el lado árabe varios estadillos, emiratos, protectorados cada uno independiente del otro y aislado mediante fronteras lineales dibujadas para ocasionar nuevos conflictos territoriales sangrientos (Kuwait e Irak),y enemistades (Arabia Saudita y emiratos en el golfo), fomentadas por occidente. Así fueron las relaciones de los estados árabes durante los últimos sesenta años, conduciendo a represiones, subdesarrollo e ignorancia, pobreza y analfabetismo, corrupción y allegados parásitos, todo ello es motivo de las actuales revueltas.

Las dictaduras y los golpes militares presenciado a lo largo del siglo pasado no consiguieron unir a los pueblos pero lo hizo el mismo sentimiento de la igualdad y la justicia que era el dominador común.

Este nuevo siglo no parece haberse detenido hasta el límite de los cosechados resultados de esas grandes conflagraciones sino que se ha emprendido una revolución en una parte del mundo que ha sido engañada y decepcionada de tantas promesas de una vida mejor, un respeto de los derechos básicos de la ciudadanía, una independencia de la justicia y un reparto equitativo de sus riquezas. Lo que estamos presenciando en el mundo árabe, es una revolución de un estilo que sorprende a todos los que diseñaron su geopolítica y divisiones conspiratorias. Es la revolución contra la tiranía implantada y defendida por muchos países de occidente, quienes han cultivado sistemas políticos tanto autoritarios como corruptos y represivos, y que han conducido a la creación de desequilibrio social que fue y es la causa fundamental de impulsar la intifada de los pueblos sometidos contra su voluntad, a manifestarse contra sus líderes y regímenes de cuestionable legitimidad. Estos regímenes pensaron que sus sociedades, por su quebrantado estado vital, serían incapaces de exigir o llevar al cambio. Tampoco occidente  llegó a sospechar de esa potencial fuerza latente, marginada y de tan serias y radicales reclamaciones que, aunque en voz baja, fueron ignoradas y llegaría a unirse contra los sistemas en vigor en casi todos los frentes, no sólo en las diferentes regiones del país sino extenderse a otros, que forman la mayoría de países árabes, con quien comparten las misma condiciones de miseria social.

Las revueltas en Túnez y Egipto demostraron que el cambio de sus regímenes autoritarios, represivos y tiranos no tenía por qué tener el emblema del radicalismo islámico, ese espantapájaros utilizado por los dirigentes y del cual nos asustaron durante décadas. Occidente debe comprender que no todo musulmán ha de ser a la fuerza un islámico. En Egipto que formó el corazón del movimiento de los hermanos musulmanes desde la caída del imperio otomanos, no han dado señales de participación importante, más bien fueron ausente de la masa popular durante los 18 días de la revuelta egipcia. Sabemos que la proporción de los hermanos musulmanes en las calles egipcias durante la revuelta no sobrepasaba 15% de los manifestantes. Otra vez occidente ha errado al pensar en lo único que estas sociedades son capaces es de producir es el extremismo del sin razón y enemigo de la cultura y democracia occidentales y que estas sociedades nunca serán mejor controladas que con una mano de un tirano déspota. Y ahora se pregunta a Europa en particular y a occidente en general, si entenderán esta real situación o seguirán viendo al mundo árabe con esta perspectiva tirria al islam y con temor a los musulmanes, así como ignorar las posibilidades de democratización interna de estas sociedades, y por el contrario, aliarse a los dictadores tiranos. Si le interesa a occidente cambiar su imagen tan deteriorada por apoyar regímenes expirados y a buscar lavar y recuperar su reputación de ser un defensor de la libertad y el derecho debe cambiar de partida. Es hora de que occidente aclare su política, o seguir al lado de gobiernos déspotas repudiados por sus ciudadanos o ponerse al lado de los demandantes de reformas democráticas y de participación activa de esos pueblos en la gestión de sus países. Si optan a tomar políticas protectoras de vasallos, se enfrentará a la rebelión popular que será capaz de derrocar a esto líderes siervos y a la enemistad  de los pueblos. El mundo árabe tiene más certeza que sospecha en el papel que jugó occidente en el destino de la región y reclama señales  fructíferas para su enmienda.

 

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