NUEVO ORDEN ÁRABE

No cabe duda alguna que el mundo ha cambiado después de la invasión de Irak en marzo 2003 y de lo que fue antes, la destrucción de este país es tan reciente que no hace falta recordárnosla. En lo que respecta a los Estados Unidos, pues estos perdieron su rol político, económico y militar distinguidos y se descubrió su falso emblema de defensor de las libertades y de los derechos humanos. Esta fecha constituye una referencia histórica para el mundo entero. Así pues y tras la primera invasión de Irak en 1991 liderada por Bush padre, los neoconservadores estuvieron planeando durante la legislatura de Clinton y reclamaron, esta vez, públicamente durante los años 1995 hasta 1997 su estrategia de llevar a cabo su plan: El Nuevo Orden Mundial, que insta el neo-liberalismo del mercado mundial y el libre traslado de capitales sin control por los gobiernos, dando la oportunidad a los carteles multinacionales a repartirse el mercado mundial entero y los humanos como si fueran mercancías, que se compran y se venden según oferta y demanda que las mismas multinacionales controlan. Esta astucia formaba la continuación de la política del presidente republicano Reagan y de la PM británica Thatcher durante los años ochenta del siglo pasado, a favor de un sistema capitalista radical a nivel mundial. La primera etapa de este nuevo orden incluía el dominio de todo Oriente Próximo y la mayor parte de los países al este del mar Caspio, incluidas las antiguas repúblicas de la URSS y así como de Afganistán. La razón de ello se debe a su estratégica ubicación y a su gran riqueza en los recursos naturales de la energía fósil. Por supuesto Irak formaría, después de Afganistán, el primer paso de esta conquista. Les animó a ello la presencia de una oposición a Saddam en el exilio y de unos cuantos personajes inmorales, que vendieron sus valores y principios nacionales, motivados por represalias personales hacia el “dictador” y por ganar algún dinero de lo que les dejarían los nuevos colonizadores. Esta historia es reciente no está olvidada, y aún nos retumba en el oído las numerosas alegaciones mediáticas defendidas mediante la maquinaria informativa comprada, que se demostraron todas como falsas. Sus objetivos fueron preparar al mundo entero para aceptar las previsibles masacres y la destrucción del país y de su sistema de estado, que según los invasores fueron necesarias para poder liberar a los iraquíes del peor dictador en su historia.

Después de la eufórica sensación de victoria en Irak en 2003, los neoconservadores dentro de la administración norteamericana durante la legislatura del presidente Bush hijo (Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Jeb Bush, Richard Perle, Richard Armitage, Dick Cheney, Lewis Libby, William J.Bennett, Zalmay Khalizad y Ellen Bork), llevaron a éste a emprender una aventura fallida: establecer un “Nuevo Oriente Medio” como segunda etapa del Nuevo Orden mundial y para fundar los cimientos del siglo estadounidense, cuyo objetivo fue promocionar el liderazgo mundial de los Estado Unidos cuya capital Washington sería también la capital central mundial desde donde se gestionarán los gobiernos mundiales como si fueran otros estados con deberes pero sin derechos. Comenzaron con la amenaza contra Siria e Irán resistieron e, incluso, este último país ha salido beneficiado de la guerra contra Irak y se ha fortalecido como la mayor potencia militar en la región, por lo menos del Golfo Pérsico (Arábigo), extendiendo su influencia hasta el mediterráneo por medio de sus dos aliados: Hezbólla y Hamás.

Libia, lo contrario, tomó ejemplo de Irak y renunció a su proyecto nuclear a los pocos meses, entregando todo el material de uranio que poseía. Esa aventura comenzaría con las amenazas que se materializaron en la invasión israelí contra el Líbano en julio de 2006 y duraría 33 días. Recordemos la declaración eufórica al respecto de la Secretaria de estado estadounidense Condoleezza Rice, que justificaba la masacre afirmando que se estaba asistiendo “a los dolores del parto de un nuevo Oriente Próximo”[1]. Pero los resultados de esta guerra echaron abajo ese ensayo ofensivo militar para el nuevo mapa geopolítico: fracasó militarmente al demostrarse el ejército israelí vencible como cualquier otro y con ello la ruina de los planes sionista-imperialista de EE.UU. y de Inglaterra. Pero por lo contrario consolidó la supervivencia de la milicia libanesa de Hezbólla, que ganó el aprecio en la región, por no decir el respeto en todo el mundo árabe y musulmán, que veía en la doble vara de medición que aplican los EE.UU. y su guardián en Europa, especialmente, el gobierno británico, al tratar cuestiones relacionados con resoluciones contra Israel dentro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Estamos presenciando, estos días, la mutación del mundo árabe hacia una nueva era de resurgimiento, que para algunos sería el tercero desde el siglo XIX. Para salir ganando hacia las reformas sociales reclamada puede que pasen también varios años, quizás muchos, pero en lo que no tendremos discrepancia es el carácter espontáneo de esa revuelta revolucionaria y civil sin pertenecer a alguna ideología política y, menos aún, religiosa. Ahora sí, en ciertos países estas reformas se verán entorpecidas por el tejido social que la sociedad árabe y musulmana viene arrastrando, en algunos más que en otros, y que está arraigado gracias a las relaciones reglamentadas en las tradiciones de las tribus, los clanes y el sectarismo religioso, hasta dentro de la misma religión. Para salirse de ese estancamiento religioso quizás sea el más difícil y peligroso, para facilitar la suave evolución de las relaciones tribales hacia la sociedad civil abierta al desarrollo y a la educación, así mismo como la participación de la mujer con su pleno derecho. No podemos negar actualmente el efecto que traerán las revueltas revolucionarias en el mundo árabe en el ámbito político sobre los intereses occidentales en general, dentro de la región, y sobre los israelíes en particular: deteriorando la reputación de Israel que se encuentra en callejón sin salida, incluso desde antes de esas revueltas.

Israel y su política errónea colonialista de mantener bajo ocupación territorios árabes y especialmente Cisjordania, los llamados Territorios Ocupados (¿acaso no es toda palestina ocupada?), y en condiciones sólo concebida por gobiernos fascistas y por un sistema apartheid similar al derrotado régimen político reinante en Sudáfrica hasta hace poco, esta ocupación pone al estado israelí entre la espada palestina y del mundo libre por un lado, y la pared de los colonos y de los partidos radicales dentro de Israel, como Shas (partido religioso ultra ortodoxo, fundado por Ovadia Yosef y formado fundamentalmente por sefardíes) e Israel Be’itenu (partido político sionista de derecha y ultranacionalista, fundado por el guarda de burdel moldavo, Avigdor Lieberman y formado por inmigrantes de repúblicas de la antigua URSS). Israel es considerado un país ocupante sobre el que recae toda responsabilidad del fracaso de las negociaciones de paz, desde los acuerdos de Oslo en 1993 hasta Annapolis en 2008. Esta política israelí no ayudó a forzar su aceptación en la región, tampoco dentro de los países llamados del tercer mundo, a pesar de todo el apoyo político y financiero occidentales que recibió Israel, no logró establecer relaciones diplomáticas con países a parte de Jordania (Wadi Araba en 1994) y de Egipto (Camp David en 1978). Mientras en el ámbito militar, Israel ha perdido su posición como la única potencia militar (gendarme) contra el radicalismo en la región y para vigilar los intereses occidentales, así como asegurar la libre fluencia del petróleo de una región cuyas reservas alcanzan más de 40% de la mundial.

La nueva estrategia defensiva israelí ante la revolución y democratización del mundo árabe. Hasta hace pocos meses, esa política se basaba en establecer buenas relaciones diplomáticas con las dictaduras que aceptaron firmar acuerdos de paz con Israel, e incitar enemistades no solo entre Israel y dictaduras que rechazaban toda clase de relaciones y acuerdos con la entidad israelí sino, también, entre aquellas y el resto del mundo occidental. Israel siempre procuraba y procura dar la imagen de ser la única democracia en un mundo retrasado de difícil control si no fuera con gobiernos totalitarios del tipo que conocimos en Egipto, Túnez, Libia por nombrar los tres estados árabes donde comenzó el cambio hacia el estado civil, y sin ignorar otros candidatos a experimentar el mismo cambio. Esta estrategia se echó abajo de forma inesperada, pacífica y espontánea algo que chocó a todos los observadores y ensayistas orientalistas de los centros de estudios políticos en occidente. Israel no puede ocultar el nerviosismo manifiesto en boca de sus intelectuales y líderes políticos, que se han refugiado en evasivas ante toda negociación seria con los palestinos y para no cumplir con las exigencias de las Naciones Unidas y demás organismos internacionales.

Las revueltas no beneficiarán a Israel y tampoco alargarán sus planes sionistas de colonización. Las revueltas, tarde o temprano, se extenderán y afectarán a la mayoría de los países árabes, incluidos aquellos donde gobiernan monarquías medievales basadas en clanes familiares y sin ninguna participación constitucional ciudadana, pero considerados como regímenes conservadores sin enemistad declarada contra Israel. Estas revueltas instituirán sin duda alguna un Nuevo Sistema Político árabe en Oriente Medio, y no el Nuevo Orden Mundial que planearon en su momento los neoconservadores norteamericanos.

Desde hace décadas reina en el mundo árabe el retraso, las dictaduras y la corrupción, y todo ello se debe a la ignorancia e idiotez, valga el término, de los líderes (porque han pensado sólo en su propio intereses de enriquecerse e invertir en cuentas ocultas en bancos occidentales, en vez de invertir el dinero que corresponde al pueblo en su propio país), a la carencia de percepción de los requerimientos sociales del siglo XXI y, por último, a la pasividad, en algunos casos, y al conformismo del ciudadano árabe en otros. La influencia estadounidense en la región ha podido perdurarse, gracias a su política en defensa de la democracia y de los derechos humanos, pero en realidad, estos eslóganes, según Nassr Shammali comentarista del Alquds Alrabi[2], han camuflado otros objetivos que no favorecen los intereses propios de los árabes: por ejemplo su defensa de la democracia liberal está para abolir el papel de los gobiernos para defender los intereses económicos nacionales; la autodeterminación está para ocultar su apoyo hacia la separación e independencia de cada estado árabe de los demás y, por consiguiente, mantener la división del mundo árabe en veinte estados en vez de la unión entre todos ellos como una comunidad árabe, que dispone de una misma lengua y un pasado y cultura común; y respecto a los derechos humanos lo están como pretexto para inmiscuirse en los asuntos internos mediante las organizaciones como Amnistía Internacional, Comités de Transparencia…etc.

La luna de miel, en la cual vivió Israel durante más de 35 años, ha tocado su fin. Han desaparecido sus dos agentes principales, Zein elAbedin Ben Ali y Hosni Mubarak quienes conspiraron contra los intereses árabes y particularmente los palestinos. El futuro revelará más conspiraciones perpetradas por ellos. Israel disfrutó de tanta relajación a favor de su seguridad y en detrimento de los intereses nacionales egipcios. Según el analista estadounidense Benjamin Schwartz[3], Israel siguió la política de “divide y vencerás” hacia los países vecinos árabes. Después del acuerdo de Camp David, Egipto dejó de ser una amenaza militar. El “tesoro de seguridad para Israel” que representó Mubarak, según las palabras de Benjamin Eliazar ministro de Industria y economía de Israel, que jugó Egipto ha sido favorable para este país pero contra los intereses árabes. Israel ha disfrutado de más de 35 años de luna de miel de supuesta paz con los árabes pero esta paz sólo la percibimos en el lado israelí. En el otro bando presenciamos guerras e infracciones de toda índole como:

  • bombardeo de la central nuclear de Irak en 1979;
  • invasión de Líbano en 1982 ocupando el sur durante 8 año hasta que los soldados israelíes fueron expulsados en 2000;
  • el asesinato de los líderes palestinos en Túnez violando el espacio aéreo de otro país en 1982;
  • la represión salvaje de la primera Intifada en los TTOO en Cisjordania en 1988;
  • la represión de la segunda Intifada en 2000;
  • la salvaje masacre del campamento de refugiado de Jenin en 2003 y la destrucción de la infraestructura estatal, que consiguió construir la Autoridad Palestina desde Oslo 1993 y con ayudas y financiación principalmente europea;
  • el asesinato “selectivo” de numerosas personalidades de la resistencia y líderes palestinos;
  • intento de asesinar a Khalid Mishaal en Amman en 1996;
  • el bombardeo de la supuesta central nuclear siria en 2007 y
  • la invasión de Gaza en 2008-9.

No cabe duda que el status “no guerra, no paz” había favorecido mucho a los países que mantienen relaciones diplomáticas con Tel Aviv pero más a Israel, que dedicaba desde hace más de tres décadas, y prácticamente, desde que firmó la paz con Egipto en 1978, dedica menos presupuesto a la seguridad de su estado. El descenso en su presupuesto fue de 40 a 10 mil millones de dólares. Con este nuevo cambio político actual dentro de los regímenes árabes, Israel dejará de tratar con gobiernos corruptos y sumisos. Lo tendrá que hacer a cambio con nuevos gobiernos democráticos o en vías de democratización, al menos así lo esperamos, pero según las leyes regionales y sin influencia exterior. Los ciudadanos han perdido el miedo a cruzar la línea roja de las manifestaciones y no se callará a partir de ahora ante la injusticia y la violación de derechos humanos hasta que Israel dé señales de reconocer los derechos palestinos por completo dentro de su Palestina. La paz y la seguridad le llegarán a Israel, esta vez, precisa y solamente de los palestinos, quienes no la conocen desde que comenzó la ocupación en 1967. “Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” Benito Juárez, político liberal mejicano.

 

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