BEN LADEN, LA LEYENDA

La muerte o el asesinato de Ben Laden, según qué definición se aplica, reflejan para muchos en el mundo musulmán un cierto racismo y una discriminación cultural y religiosa hacia el islam. La forma de ejecutarlo fue una humillación insultante planeada con predeterminación al violar los principios religiosos, y las normas sociales humanitarias después de matar a Ben Laden desarmado y la decisión de los mismos que le ejecutaron de tirarle al mar. Esta forma de enterrar a un cadáver no es una costumbre en la religión islámica. Por tanto, este asesinato es un reflejo de la política estadounidense hacia cuestiones árabes y musulmanes, más manifiesta últimamente. Esta es la opinión de escritores árabes, basta que leas cualquier medio informativo para encontrar semejante conclusión. Por consiguiente, los musulmanes en general y árabes en particular, tienen derecho a preguntarle al presidente Obama, ¿Dónde está el dialogo entre las civilizaciones que nos predicaba hasta hace poco?

La vida de Ben Laden fue un tremendo drama, llena de eventos sangrientos y numerosas leyendas. Hasta su muerte había millones de seguidores que le adulaban y respetaban, y por el contrario, otros millones que le odiaban y apoyaban la sentencia de su liquidación. Se levantó en contra del “terrorismo norteamericano” practicado, especialmente, en las tierras del Islam donde gobiernan unos líderes carentes de moral y de principios pero, por desgracia, tiene el estilo y la rutina de la corrupción y la represión y saben cómo robar la riqueza de sus países para invertir el dinero donde no deben y, además, se relacionan con los amos norteamericanos como si fueran sus dioses. Su ideología le impulsó a enemistarse con estos que, como paradoja de la vida, eran sus compañeros en el campo de batalla durante la liberación de la invasión soviética en Afganistán.

La noticia de la muerte de Ben Laden marca en occidente, sin duda alguna, una fecha tanto histórica como trascendental. Pocos en el mundo árabe e islámico creen que podría ser un día que transforme al mundo y que tenga un antes y un después, aunque esto es lo que quieren hacernos creer los operantes de su muerte, que puede que tenga importancia para su consumo interno, pero fuera las cosas puede que sigan igual. Puede servir también de excusa para preparar la salida “triunfante” de las fuerzas militares de los EEUU y las de la coalición del país asiático.

Se hizo de Ben Laden un líder simbólico a pesar de no ser el líder guerrero. Y la prensa norteamericana fue la que tejió alrededor de su vida esta aura de personaje con misterio y poderío como si fuera una potencia mundial digna de rivalidad del poder  militar de los EEUU. La CIA  ha dedicado millones de dólares para perseguir sus pasos y analizar sus discursos, sabiendo que hubiera sido fácil llegar a su paradero sin todo este enorme esfuerzo de inteligencia y extensa propaganda mediática. Según The New York Times que publicó las declaraciones de un responsable norteamericano, diciendo que efectivamente Ben Laden fue un líder intelectual, pero sin implicación alguna con los actos “terroristas”. Sólo se dedicaba a poner estrategias para que sus correligionarios hicieran lo demás. Y sobre la faceta personal de Ben Laden, sabemos que fue el menor de diecisiete hermanos y pudo heredar una millonaria fortuna de su familia que ejecuta los grandes proyectos del gobierno en Arabia Saudita, pero él ha elegido un estilo de vida simple sin apariencia ni ostentación de su enorme riqueza. Eligió alejarse de los focos de los periodistas y de sus entrevistas, y no enfrentarse cara a cara a las autoridades. Eligió usar la misma arma que usaron los norteamericanos contra su pueblo y su religión a la cual defendía fanáticamente. Les atacó, según su reconocimiento posterior, en su casa causando una devastadora destrucción que los EEUU no habían sufrido desde el ataque japonés sobre Pearle Harbor en la isla Oahu en Hawái durante la Segunda Guerra Mundial. Su fallo fue que no distinguía entre militares y civiles. Si llegara a respetar a estos últimos, hubiera sido otro Che Guevara del mundo musulmán. Su objetivo fue expulsar a los “píos” de la tierra del islam, pero falló cuando siguió la regla de Maquiavelo, “el fin justifica los medios”.

Ben Laden fue el fruto de la ayuda y colaboración norteamericana con los jihadistas árabes que se ofrecieron a ayudar a los guerrilleros afganos y declararon la “guerra santa” contra el invasor soviético durante la década de los ochenta del siglo pasado, sin faltarles la financiación de Ben Laden. Aquel triunfo le inspiró la ideología jihadista para ponerse al lado de los palestinos cuyos derechos son constantemente violados por la intransigencia israelí y la complicidad occidental, europea en general y norteamericana en particular. Ben Laden justificó su objetivo contra EEUU, en primer lugar, porque siempre vio que el estado de Israel se fundó sobre la tierra robada de un pueblo que existía, según un plan sionista con ambiciones que abarcan mucho más allá que a Palestina. Recién reconocido este estado, varios de sus líderes, y hoy día casi todos los nuevos historiadores israelíes, reconocen esta realidad. Europa, y particularmente, Gran Bretaña, fue un cómplice en este robo (Declaración de Balfour), y posteriormente, los EE UU protegieron los robos y los crímenes siguientes con las ayudas económicas, militares y los vetos en el Consejo de Seguridad. Ben Laden estuvo convencido de que esta política fuera impulsada por la influencia del oficial lobby judío en EE UU, American Israel Public Affairs Committee  (AIPAC), que apoya la política extremista de los gobiernos israelíes, a pesar de que la mayoría de los judíos norteamericanos son demócratas y están en contra de la hazaña bélica expansionista sionista en la región. Esta complicidad hizo de EE UU el país más odiado en el mundo, no sólo entre árabes y musulmanes, sino también como la mayor amenaza de la paz mundial según una encuesta europea. Así mismo hace peligrar los propios intereses norteamericanos convirtiéndose en el objetivo principal de Al Qaeda. Por otro lado, está más que demostrado que Israel exigió la invasión de Irak, aprovechando la legislatura de los neoconservadores republicanos en tiempo de Bush cuya familia está vinculada con organizaciones secretas (Skull & Bones), y actúa según sus intereses económicos ligados a la industria del petróleo.

Ben Laden fue culpado por el ataque contra las torres gemelas, The World Trade Center, que causó la muerte de más de 2700 personas de 37 distintas nacionalidades. Muchos se preguntan si la respuesta estadounidense fuera demasiado injustificada cuando recurrieron al mismo método de la desmesurada barbaridad destructiva contra el país afgano porque éste no aceptó entregar a Ben Laden y a sus lugartenientes protegidos por Taliban que gobernaban entonces. Y sin haber  completado la misión ni conseguido sus objetivos hasta entonces los EEUU invadieron, ilegalmente, a Irak y causaron la muerte injustificada de más de un millón de personas en su mayoría civiles, otro millón de refugiados, el desplazamiento de cuatro millones de sus hogares, el nacimiento anualmente de decenas de miles de niños malformados por el tipo de armas usadas contra este país, y todo ello gracias a alegaciones fabricadas por los gobiernos de los EEUU y de Gran Bretaña de que Irak tenía Armas de Destrucción Masiva y que existía estrecha colaboración del gobierno iraquí con Al Qaeda. A estas víctimas se suma la muerte en el lado de los aliados de más de cinco mil soldados y de agentes paramilitares, mayor que el causado por AL Qaeda. Esta fue la reacción y la represalia norteamericana al 11-S. y sin olvidarnos del quebrantamiento del sistema financiero capitalista, causado por el exorbitante gasto militar durante casi 10 años de guerra, sin conseguir unos objetivos que podía haber alcanzado si Washington si hubiera bajado de su trono arrogante y cambiara su política imperiosa contra los países musulmanes del tercer mundo en general y los árabes en particular.

Uno de los objetivos de Washington fue la captura de este personaje terrorista pero, ¿mereció la pena tanta muerte y tamaño sufrimiento?  Según la prensa británica, Ben Laden no fue una persona importante, pero dejarlo impune y sin aplicarle la justicia, hubiera sido un motivo que genera sensación de impotencia e injusticia de los familiares de los muertos occidentales. Y ahora cabe cuestionar la doble vara con la que mide occidente, ¿donde está la justicia que piden familiares de más de un millón de víctimas provocadas por la torpeza política estadounidense? O ¿Quizás no les prestamos atención ni les escuchamos por ser musulmanes o árabes? Nadie quiere llegar hasta esta conclusión y el futuro está cercano para quien duerme con la esperanza de ver sus reclamaciones cumplidas.

¿Acaso el matar, o asesinar como podría serlo en ese caso, a este hombre lleve consigo el fin del terrorismo?  O ¿Tendremos que elevar la cautela cuando aún esperamos más represalias de los seguidores de ALQaeda que causarán más víctimas inocentes? ¿Por qué no se detuvo a Ben Laden vivo para conducirle a un juicio justo y transparente, tal como se hizo con los nazis, los responsables políticos de Yugoslavia, Noriega de Panamà, Saddam Hussein…? ¿Se debe esto a la muerte hace largo tiempo de Ben Laden, y por esto no se reveló  la identidad del cadáver? ¿Cómo será la próxima guerra contra el terrorismo que parece no dejamos de incitar?

La opinión pública árabe no demostró alguna importancia ante esta noticia que cayó como una bomba en occidente. Es posible que estuvieran pensando que Ben Laden mereció este castigo por lo que cometió de crímenes contra civiles y no porque estuvieran distraídos por la conmoción revolucionaria actual que vive el mundo árabe en numerosas ciudades. Esta intifada social contra la corrupción y la tiranía que caracterizan los sistemas de poder árabes, y la ausencia total a la presencia de AlQaeda en las manifestaciones, reflejan la transformación que está sufriendo la calle árabe. Hace tiempo que no volvimos a presenciar las escenas de holgorio en calles de ciudades árabes y en países islámicos. Percibimos la falta de entusiasmo para ensalzar a esta organización, hecho que siempre estuvo presente hasta hace poco. Entonces, ¿no sería justo ponerse al lado de los ciudadanos que reclaman el fin de esta era de represión y exigen cambiar a los corruptos por líderes que representen la ley del derecho y sean capaces de taer la libertad y devuelven la dignidad al ciudadano humillado, no solamente en Palestina, sino en casi toda la extensión del mundo árabe?

Por fin, Ben Laden ha encontrado su castigo de muerte y para muchos su “martirio”, gracias a la traición de uno de sus secuaces, durante una operación de un especializado comando estadounidense. La falta de transparencia incita a muchas interrogaciones y mientras siguen los detalles sin revelarse, nos hacen dudar de la paz y la democracia norteamericana que tanto predica la ley del derecho. Parece ser que estos defensores justicieros carecen ahora de la moral. Siempre y donde se implique los norteamericanos en asuntos internacionales, su comportamiento refleja una conducta de asesinos profesionales. Quisiéramos recibir las noticias que afirmen lo contrario.

Si Obama ordenó matar a Ben Laden estando desarmados era porque América lo temía, aunque fue un anciano confinado a su casa entreteniéndose viendo la tele, entreteniéndose ordenando acciones terroristas en todo el mundo y viendo civiles inocentes morirse en restaurantes, mercados, mezquitas o iglesias… Le dispararon cuando estuvo desarmado. Su vida paró, pero su leyenda sigue viva. Esperamos que esa muerte haga desaparecer el miedo norteamericano. La respuesta parece ser negativa porque Al Qaeda es, y no es, una organización, sino un fenómeno o una tendencia “terrorista” dentro de la ideología radical islámica y Ben Laden será un mito que tendrá seguidores largo tiempo.

La conducta de occidente a favor de la justicia y de la democracia debe ser siempre igual y transparente, no debe importar el lugar de su requerimiento. Quien lucha contra la corrupción y la tiranía debe practicar los mismos principios sin importarle el beneficiario. No cabe duda que un trascendental cambio se está gestando en el pensamiento de la juventud árabe y sería de justicia responderle de la magnitud que ella espera acorde sus antiguas y crónicas reivindicaciones.

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Una respuesta a BEN LADEN, LA LEYENDA

  1. Nani dijo:

    En mi desconocedora opinión,
    cualquier tipo de terrorismo es una forma de violencia política: ya sea terrorismo de estado o “legal” o terrorismo de grupos minoritarios o “ilegales”, en ambos casos se matan vidas humanas con un fin político o territorial.
    Si a Ben Laden se le puede llamar terrorista ya que mató a civiles occidentales o personas que vivían en Occidente, por esa misma regla de tres, Obama es un terrorista porque mató y sigue matando a civiles orientales.
    No importa el lugar ni el objetivo; el fin nunca justifica los medios, no se puede conseguir la paz con manos manchadas de sangre.
    Vivimos en la Era de la Ignorancia y para mí resulta imposible conocer la verdad,
    pero gracias a artículos como este, comprendo algo más las dos caras de la moneda.
    Saludos.

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