Israel, contradicciones que confirman la gran mentira (III)

Jesucristo también fue un palestino

¿Vivimos actualmente la era de dominio israelí y el tiempo de la hegemonía del estado judío en la región del Oriente Medio? Ésta nos lleva a la segunda pregunta: ¿es éste el siglo del poder israelí en el Think Tank (toma de decisión) europeo y no digamos el estadounidense?

Lo que va a leer a continuación estimado lector, puede que resulte. Sí, numerosas personas en el mundo libre lo piensan pero no lo pronuncian, así que le pido paciencia hasta terminar de leerlo entero y dejarle la libertad de sacar sus conclusiones. El tema se relaciona con la exigencia que piden los responsables políticos israelíes, no de los vecinos árabes y palestinos particularmente, sino de todo el mundo. Lo dividiremos en tres partes.

Tercera parte: contradicción étnica y arqueológica

Origen de la raza árabe

Los árabes habitaron Arabia después del diluvio, son los originadores de la raza semítica, de la cual todos los pueblos de la antigüedad se derivan incluyendo los hebreos, babilonios, caldeos amorreos, cananeos, nabateos, fenicios, egipcios. Además otras tribus pertenecen a los árabes como las tribus del Yemen, los hijos de Ismael, hijo de Abraham y los descendientes de Adnán que formaron en Medina y La Meca la famosa tribu de Kuraish de la cual desciende el Mahoma y la familia hachemita que reina en Jordania. El pueblo palestino es originalmente una rama cananea filistea que emigraron 2500 años antes de Cristo a Palestina, sin ignorar alguna influencia y mezcla posterior de asirios, arameos, babilonios, persas, griegos, romanos, armenios, turcos y cruzados europeos con gran porcentaje de elemento hebreo. Entonces los palestinos son básicamente semitas, y desde la perspectiva bíblica son descendientes de Abraham por tres ramas: 1) Rama de Isaac primero por Esaú y luego por Jacob; 2) Rama de los hijos de Cetura, 3° esposa de Abraham; 3) Rama de Ismael (hijo de Agar, la madre egipcia), a través de una de las esposas de Esaú, hija de Ismael y por la llegada de los árabes peninsulares en el siglo VII.

En tiempos de Jesús ya existía Palestina, formada por cuatro provincias: Judea, Samaria, Galilea e Idumea. De las 12 tribus del pueblo de Israel, sólo 2 se mantienen vigentes y totalmente mezcladas: Judá y Benjamín. Las otras 10 tribus se encuentran perdidas o integradas con los pueblos árabes de Oriente Próximo y especialmente con los palestinos.

Ahora bien, no debemos equivocarnos y considerar la religión como elemento básico para determinar un origen racial. Igualmente, las fronteras no existían en antaño y no podemos negar que existiera una mezcla de sangre por matrimonios entre familias. Incluso la Biblia confirma que reyes hebreos tuvieron esposas de otras tribus hermanas de la antigüedad (“Deseos de poder”, Pablo Nik. Edit., Lampedusa).

Jesucristo nació en Belén, de padres palestinos que profesaban la religión judía, que en ese tiempo era la única religión que creía en un solo Dios. Ser judío no niega su origen semita y, por consiguiente, el origen árabe palestino. Del mismo modo, tampoco podemos negar su cristiandad cuando fue crucificado, ya que su enseñanza difundida por medio de los discípulos y los evangelios habían sentado la base del cristianismo.

En realidad hay más semejanzas que diferencias entre las tres religiones monoteístas. Y sólo después del advenimiento del Islam es cuando los árabes se unifican generalizando su nombre. Entre ellos siguen viviendo judíos de origen árabe, al cual no pertenecen los judíos que son de otras razas y nacionalidades formados étnica y principalmente por los Khazar, tribus originarios del norte del Mar Caspio (“Las trece tribus” de Arthur Köestler) de los cuales descienden los judíos europeos askenazis.

  • Durante los más de 60 años de la existencia de Israel no se ha encontrado algún signo arqueológico por las autoridades competentes israelíes, ni dentro de la frontera de 1967 ni en los Territorios Ocupados, o sea, en toda palestina del tipo que están buscando. Israel, por su parte, insiste que lo que hay debajo de la Explanada de la Mezquita son restos del Templo de Salomón, pero, en realidad, lo encontrado pertenece a ruinas de un palacio de la era Ben Omeya, e incluso el asesinado PM Yetzhak Rabin lo reconoció así y quiso restaurarlo para fines turísticos. Hasta el momento no se ha encontrado algo que recuerde a un supuesto Templo, y mucho menos de las dimensiones y las características que afirma la Biblia.
  • Sobre otro elemento leemos: “Arqueólogos israelíes han conseguido identificar el lujoso palacio que los primeros califas de la dinastía Omeya tuvieron a orillas del mar de Galilea, cuya existencia mencionan también en sus textos historiadores árabes de la época. El palacio construido por el primer califa, Muawiya, en el siglo VII, ha sido identificado en las proximidades de la moderna Beth Yerah o Jirbet el Kerak, a orillas del bíblico lago, en un yacimiento descubierto hace décadas, informó la agencia Efe el 16 de marzo de 2010 en un comunicado la Universidad de Tel Aviv (UTA). “Tiene gran relevancia no sólo por la importancia del palacio Omeya en sí, sino también por su exclusiva cercanía a una iglesia del período bizantino más temprano y por la corta distancia a la que se encuentra de un cementerio de pioneros sionistas”, dice en la nota el arqueólogo Raphael Greenberg, del departamento de Arqueología de esa universidad, o sea, nos estamos refiriendo a una época bastante posterior.
  • Textos antiguos del primer siglo del Islam, novena de la era Cristiana, ubicaban ese palacio en un lugar conocido como al-Sinnabra, dato que hasta ahora no había ayudado a los arqueólogos a dar con su emplazamiento. Excavaciones en la misma zona de Jirbet Kerak entre 1950 y 1953 dieron como resultado el hallazgo de una estructura fortificada que los expertos fecharon en el período bizantino (330-620 D.C), una evaluación puesta en tela de juicio cuando, poco después, se encontró una gran sala orientada hacia Jerusalén y con el dibujo de un candelabro de siete brazos en una piedra[1]. Pero la identificación del palacio, trabajo en el que también ha participado la Universidad Hebrea de Jerusalén, fue posible después de un exhaustivo examen de los cimientos de la sala que hasta ahora se creía una sinagoga.
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