LA RAZÓN DE LA PRIMAVERA ÁRABE

Los acontecimientos políticos aspiran a conseguir los nobles objetivos de los pueblos, pero siempre según la base ideológica de los partidos más influyentes en el país, mientras el ciudadano muchas veces está marginado.

La revolución pretende aparecer con un carácter nacionalista, pero pronto se hunde en diferencias ideológicas y prácticas para llevar el mecanismo del cambio hacia un desastre, alejando la posibilidad de obtener aquellos objetivos y decepcionado al pueblo para luego hacerle caer en trampas externa de acechados interesados y camuflados que se ofrecerán para la ayuda que no llega de dentro. El mundo árabe se levantó en revueltas revolucionarias, no sólo para deshacerse de sistemas de represión y de fuerzas de seguridad creadas, muy selectivamente, para la protección del amo sin importarle ese ciudadano, sino también para reafirmar su reivindicación de recuperar derechos en Palestina. Los padres del proyecto sionista, los ingleses y más tarde los norteamericanos, se esforzaron en hacer del conflicto árabe israelí como una cuestión local o más bien entre dos comunidades, la árabe musulmana y la israelí judía.

Pero a pesar de sus persistentes esfuerzos y presiones con chantajes durante décadas, siempre resurgía la causa palestina como un pilar fundamental y un estandarte detrás del cual se avivaba toda lucha regional, y no con exclusividad palestina y árabe, sino a nivel del mundo musulmán desde Irán hasta Indonesia y del tercer mundo incluyendo el continente africano y antiguas Repúblicas Soviéticas. En más de una ocasión el muro de la resistencia palestina apareció sólido e infranqueable, sorprendiendo al enemigo antes que al amigo a pesar de la falta de ayuda de los demás hermanos árabes. La antorcha de esta causa nunca se apagó aunque los palestinos fueran cercados y frustrados por culpa de la colaboración de ciertos regímenes árabes interesados para abortar sus intifadas.

En realidad las revueltas árabes empezarían con la Primera Intifada palestina, que surgió a finales de 1987 a raíz del atropello de cuatro palestinos que hacían fila y que duraría hasta septiembre de 1993, inteligentemente abortada gracias a los Acuerdos de Oslo. Estos daría inicio a las negociaciones maratonianas que no condujeron a algo, sino dieron tiempo a los israelíes para ampliar las colonias en Cisjordania (los Territorios Ocupados), y la imagen positiva que Israel ansiaba obtener ante los europeos. Después del fracaso de Camp David a finales de la presidencia de Bill Clinton, los palestinos se prendieron con esfuerzo propio a llevar su causa a las Naciones Unidas. Objetivo que han puesto en marcha al ver sus esfuerzos de décadas de negociaciones infructíferos. Pero EEUU e Israel tenían sus cálculos de distintos resultados. Así se vieron forzados a intervenir para franquear esta negativa de los palestinos y en particular la de Yasser Arafat. Permitieron la visita del “mercenario y genocida” Sharon a la Explanada de la Mezquita, que fue la chispa de la Segunda Intifada. No cabe duda que después de cuatro años que duraría esta Intifada, los americanos e israelíes infligieron mucho daño en los palestinos, pero sus hazañas militares repercutieron en peores consecuencias en sus intereses y planes.

A pesar de soltar las manos de Sharon contra el terrorismo palestinos, que encontró mucha aceptación después del 11-S, recordemos la matanza del campamento de refugiados de Jenin, no pudieron someter a los palestinos. Las bajas en ambos lados fueron como sigue: 3474 palestinos entre ellos 780 menores de edad y 239 mujeres; frente a 1001 israelíes; el número de los heridos palestinos fue 55138 frente a 11356 del lado israelí; 6757 casa palestinas derribadas y dañaron más de 65 mil viviendas; cerraron 12 universidades e institutos palestinos y tallaron 1.134.471 árboles. Y como un dato curioso, frente a casi 8000 detenidos palestinos, hubo más de 10.000 desertores del ejército israelí. La economía israelí perdió un 8% de su PIB, se cerraron 36.000 empresas y se devaluó un 25% su moneda nacional.

Previamente, y en otro frente el embargo contra Irak no fue tan efectivo a pesar su duración de 12 años y la administración de Washington encabezada por Bush junior y por sus afines likudistas como D Rumsfeld, P Wolfwitz, R Pearle, D Cheney, Condeleeza Rice… decidieron llevar a cabo su plan, ensayado años atrás, de invadir Irak. Forzaron calmar el frente en Palestina al enviar de visita los miembros del Congreso norteamericano, consiguieron reunir a los regímenes árabes, Egipto de Mubarak, Siria de Hafed Assad, además de los aliados de siempre -los países del Golfo encabezados por Arabia Saudita – para fracturar y destruir un país soberano que formaba la única amenaza a la existencia de Israel, e introducirlo en una guerra civil de división étnica y religiosa. Esto es una historia reciente que sus escenas aún no se han borrado de nuestra mente. Los EEUU, a pesar de todos sus esfuerzos y extorsiones, no consiguieron limpiar su imagen entre los árabes. Los palestinos volvieron recientemente a reconciliarse en pro de la unidad palestina y aunar su resistencia.

Las revueltas revolucionarias sorprendieron a todos en Túnez y en Egipto. A pesar de tantos esfuerzos iniciales no pudieron mantener a dos regímenes fundamentales para salvaguardar los intereses de occidente y mantener la seguridad de Israel. Regímenes falsos que cayeron como castillos de arena, y otros en camino de desaparecer para siempre. Las distintas administraciones de Washington se mueven según un único guión concebido por las presiones de los lobbies sionistas encabezadas por AIPAC. El último discurso reaccionario, tanto ideológica como políticamente, de Netenyahu ante el Congreso de Washington abre los ojos del mundo entero a la negativa de pacificación de Israel. Netenyahu sacrificó el contorno estratégico y la relación especial con los EEUU por un éxito tan pequeño como temporal. Eligió humillar a Obama ante sus diputados que le aplaudieron neciamente, como si hubiera reclamando que es él el verdadero gobernante de los EEUU. Hizo que el pueblo norteamericano escogiera entre él y su presidente. Éste cedió aceptando la seguridad de Israel y su judaísmo como la piedra angular para cualquier negociación.

En ninguna revuelta o revolución se exigió el reconocimiento del pueblo sometido de la fuerza opresora antes de entrar en cualquier negociación o acuerdo, y que deben tirar las arma y aceptar las condiciones del ocupante y renunciar a sus propios derechos humanos que están defendiendo desde hace un siglo. El punto de vista israelí de paz con los palestinos y los árabes es un reflejo bien claro del proyecto sionista y de sus creencias: dominio, arrogancia, insolencia y prepotencia frente al mundo entero. Que todos los acuerdos anteriores y en particular los de Oslo, sólo fueron de introducción para obligar a los palestinos a aceptar el plan de Israel de resolver el conflicto. Como si fuera el estado sionista el único que crea la historia y quién fija los derechos humanos, no sólo en la región, sino en el mundo entero.la impresión que tenemos es que Israel quien controla la política de los gobiernos, no tan sólo en Washington.

Las revueltas revolucionarias árabes nos llevan a la creencia que debemos ponernos de una vez por todas al lado de la ley, la justica y la verdadera democracia. Si queremos ser justo debemos dejar de medir con dos medidas.

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