DIEZ AÑOS DEL 11 S

¿Han cambiado los Estados Unidos su política en el lejano y medio oriente?

Ayer hizo diez años al ataque violento contra las dos torres Gemelas en Nueva York, símbolo del poderío económico capitalista del continente americano, contra el Pentágono además del cuarto avión que cayó en Pensilvania. En total se cubro la vida de 2749 personas.  El acto fue el más agresivo e inesperado desde Pearl Harbour contra bienes de los EE UU, que dejó unas imágenes indelebles en nuestra memoria. Las repercusiones violentas no han cesado desde entonces, dejando muerte casi a diario.

La administración de los EE UU lo consideró como un acto de guerra con la firma terrorista y así lo entendió todo el mundo. Actuó por el instinto de la venganza sin pensar en las consecuencias, ni si éstas se tornarían contra sí. La figura de Ben Laden, jefe de Al Qaeda, se repitió en todas las televisiones del mundo acusándole como el cerebro de los ataques. El gobierno de Afganistán le proporcionaba entonces base para entrenamiento en reconocimiento de su previa ayuda guerrillera contra el invasor soviético. La administración se emprendió en la guerra contra el terrorismo, llamada por la sublime ignorancia del presidente Bush como su cruzada. Se fijó la recompensa de 25 millones de dólares por su captura; vivo o muerto. Esta administración inició su estrategia atribuyéndose explícitamente el derecho de utilizar cualquier arma de guerra en su poder (nucleares, bacteriológicas, químicas, todas proscritas por acuerdos internacionales), de atacar a las naciones donde cree albergan los terroristas, de intervenir en los sistemas financieros y en sus operaciones, de mentir o adulterar las informaciones, de interceptar llamadas telefónicas y vigilar correos electrónicos, de realizar “operaciones encubiertas” cuando sea oportuno (asesinatos, sabotajes, desestabilizaciones económicas o políticas y otros golpes de guerra interna donde crea conveniente) y de proscribir los regímenes o Estados que no se alineen con él, entonces oímos la máxima de Bush: “cualquier nación, en donde sea, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo”, así declaró el presidente. Ha dividido al mundo en dos bandos: eje del mal y eje del bien y exacerbó la islamofobia a cargo de la prensa norteamericana en particular. Se violó la privacidad de todo ciudadano, con escuchas inconstitucionales en contra de las reglas de regímenes democráticos y con vigilancia de cualquier “sospechoso” que lo delata su nombre o fisonomía. El propio ciudadano norteamericano sufrió también en sus derechos por la aplicación de diversas medidas de seguridad. En occidente nos limitaron nuestras libertades, a cambio nos mantuvieron la autonomía pero carece de libertad, que es el ingrediente clave del bienestar que anhelamos. Y así nos convertimos en esclavos de impulsos que la propia autonomía nos condiciona para hacernos aceptar la vida que llevamos en vez de vivir la que deseamos.

El sufrimiento y el miedo que generaron las agresiones del 11-S crearon más desastres posteriores, más muertes de inocentes; “bajas colaterales”. ¡Bonito término! Buena excusa para limpiarnos las manos asesinas ensangrentadas. La guerra de castigo contra Afganistán se iniciaría cuatro semanas después del ataque cuando los Taliban rechazaron el ultimátum de la entrega de los jefes de Al Qaeda.

¿Hubiera tenido el presidente Bush otra opción que la audaz y sangrienta represalia? Lo más probable nadie habría tenido la oportunidad de comunicársela. ¿Era legítima esta “cruzada” sin haber agotado la vía política? El tiempo nos lo dirá. Reciente informes afirman la muerte de más de 5.000 soldados norteamericanos y más de 40.000 heridos. El daño económico con endeudamiento que supera los 14 billones de dólares de los cuales 6 billones son debidos a la financiación de esta guerra que participa indirectamente en la crisis económica mundial. Según el reciente informe de encuesta del Gallup Institute, el 46% de los norteamericanos encuestados hace poco cree que han ganado la guerra contra el terrorismo, otro 42% piensa lo contrario y un 10% están convencidos que la han perdido.

Por su parte, Al Qaeda sufrió mucho al principio pero reaccionó organizándose. Cambió su estructura organizativa, de la piramidal central a lo que hoy día se le compara a una hidra policefálica. Es verdad que la cabeza principal fue decapitada pero aún tiene las otras cabezas en casi todos los países, con misiones autónomas e independientes cada una de las demás. Cada grupo actúa de tal forma que una vez haya efectuado su objetivo, se desintegraría para no dejar huella de sus  miembros. Así nacieron la Al Qaeda en la Península Arábiga y pudo ejecutar el ataque en Riad en 2003; Al Qaeda en Irak en 2004 y la facción de Abu Moseb Zarqawi; en 2007 nació Al Qaeda del Magreb. Sin embargo, todas estas ramificaciones no fueron capaces de ganarse nuevos reclutamientos. No cabe la menor duda que su actividad violenta se ha diezmado debido a las altas bajas que sufrieron entre sus miembros, pero su estructura perversa, no. También se sabe que la crítica interna de numerosos movimientos islámicos, que no compartían esta ideología violenta, rechazaron reunirse a su causa. Esto limitó considerablemente los reclutamientos de nuevos elementos que defienden la violencia. Se comprueba esto viendo la evolución de los jihadistas en Libia, Argelia, Egipto, así como en, Arabia Saudí, Irak, Somalia, Afganistán, Indonesia, Malasia entre otros. No obstante, el terrorismo de Al Qaeda consiguió actuar en Madrid M-11 y Londres J-7 y sigue siendo una amenaza.

Nadie sería capaz de responder a que si los EE UU  llegara a detenerse en su reacción vengativa y cambiara sus política donde debiera, qué otros resultados habríamos vivido a lo largo de estos diez años. Hoy día no estamos más seguros, ni el terrorismo se ha eliminado. O sea, los objetivos verdaderos de la guerra no se han conseguido. La muerte del viejo moribundo y enfermo, conectado a diálisis renal, de Ben Laden no es suficiente, sabiendo la comedia que la envolvió. Mientras en Afganistán la escena no quedó mejor. Los Taliban han  recuperado más de dos terceras partes del país. Los EE UU negocian con ellos por una retirada segura de sus tropas.

¿Hubo otras alternativas de enfrentarse al terrorismo sin tamaño daño? O ¿La guerra ya tenía otros objetivos y estuvo planeada años atrás?

 

Creo que podíamos haber negociado con el que hiciera falta para detener a Ben Laden, sin la devastadora destrucción causada por la guerra contra Afganistán.  Igualmente habernos ahorrado entrar en otra guerra ilegítima como injusta, la invasión de Irak, para derribar a Saddam, cuyo pueblo ya venía sufriendo del embargo global… Saddam dejó de formar la amenaza en la que nos engañaron para justificarla. La CIA o cualquier otra agencia de inteligencia de la región pudieron haber llevado a cabo la misión de terminar con él sin dañar a todo un país y someterlo en el caos de la corrupción.

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