REVOLUCIÓN Y NUEVOS INTERESES

Revolución y nuevos intereses

Revolución es cambio radical de sistemas políticos y de sus relaciones. Los amigos de estos sistemas que mantuvieron relaciones estrechas durante largo tiempo no pueden tomarse por amigos.

Es cierto que los dos “América se retrae e Israel se aísla”, también lo es que la hegemonía norteamericana que conocimos en la región hasta el inicio de la guerra contra Irak y más evidente desde la primavera árabe, ha llegado a su fin o así pretenden los pueblos árabes y estos quieren emancipar de esta negativa custodia. La razón de esta retracción y aislamiento no radica solamente en esta “revolución histórica” por la dignidad y la democracia verdaderas que anhelaba el ciudadano árabe desde hace casi un siglo, prácticamente desde noviembre de 1917, sino también a que los intereses occidentales: obtener el petróleo barato y fomentar el mercado para sus productos. Estos intereses fueron los más defendidos a expensas de los nativos. En lugar de crear, apoyar y mantener a mandatarios afines, que lo único que estos hicieron fue mantener la tiranía, el nepotismo y la represión mediante gobiernos bien protegidos por sistemas de seguridad policial. Pues los EE UU  debieron haber planeado su estrategia para mantener políticas de reciproco respeto y cuidar a mutuos intereses de largo alcance: más que nada, cuidar los derechos humanos de los árabes como de cualquier otro ciudadano en el resto del mundo; rechazar a los gobiernos represivos por otros democráticos; respetar la riqueza nacional árabe, su petróleo de igual forma que su intelectuales, y no extorsionar a los gobiernos para que cada año aumente la compra de nuevos armamentos valorada en centenares de miles de millones de dólares, que donde fueron realmente utilizados han sido contra el propio ciudadano y no contra el enemigo exterior. Esto es la pura realidad si exceptuamos la guerra entre Irak e Irán 1980-88. Las otras guerras contra Israel siempre fueron guerras en respuesta a agresiones por parte de Israel con la salvedad de la guerra de 1973, y fue la que condujo al Acuerdo de Camp David del 1979.

Ahora que el ciudadano árabe haya perdido el miedo a la protesta y a enfrentarse a sus gobernantes, no vacilar en la reivindicación de sus derechos y se haya encauzado con este cotoso camino hacia la recuperación de la libertad y la dignidad, los EE UU deberían respetarle y no entrar por la puerta de atrás para torpedear sus éxitos iniciales en Egipto, Túnez y particularmente en Libia –como lo está haciendo la contra revolución en Egipto y con apoyo de Arabia Saudita y dinero de otro país del Golfo. Europa debería igualmente contribuir mucho y no volver al papel que desempeñó hasta hace poco considerado como complicidad en hacer perdurar la represión árabe.

Es lamentable ver a dos jefes europeos acelerar su visita a Libia pretendiendo ofrecernos una imagen, falsa de antemano, que nos quieren vender de seguir apoyando al ciudadano libio en su revolución y no la que vemos los demás de conseguir la mayor tajada de la tarta empresarial libia. Es vergonzante verlos extender sus alas sobre la revolución mientras aún no se ha parado la guerra y la muerte sigue. Liberar el dinero libio boqueado en sus bancos no es ningún favor, son noticias que leemos cada algún tiempo.   

La visita del mandatario turco tiene varia interpretaciones,  aparte de afirmar su alianza como un antiguo jugador estratégico e histórico en la región y la común historia con el mundo árabe, también quiso ofrece el modelo islámico laico bien establecido en Turquía como lo es en Malasia e Indonesia. El islam puede ser perfectamente compatible con la democracia según Ardogan, y quizás esto sea su mensaje para la era post revolución. Llevar a más de doscientas personalidades de grandes empresarios, por otro lado, tiñe su viaje a estos países de un carácter comercial.

 La presencia de los movimientos de estampa islámica está más que evidente en la revolución árabe. Puede que en Libia tenga más impacto sobre la trayectoria de su revolución dado la reciente historia de sus acciones en territorio argelino y el sangriento reciente pasado contra civiles argelinos. La llamada para la participación de los islamistas (cuyo papel participativo en la lucha contra el dictador derrocado es muy notable) para entrar en modelos lejanos al radicalismo conviene a todos, incluso más a los mismos libios. Este laicismo islámico no les gustó a los Hermanos Musulmanes egipcios. Pero la revolución aún no ha llegado a un buen puerto y nos queda mucho de vivir.

 

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