GAZA Y EL CERCO SIONAZI

Gaza y el cerco sionazi

“Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor.”  Reverendo Desmond Tutu, clero y pacifista sudafricano de fama internacional por su oposición al Apartheid.

La franja de Gaza es el nombre que recibe a una zona del litoral este del Mediterráneo de Palestina de 40 km de largo y de entre 7 y 11 km de ancho que linda al nordeste de Sinaí. Fue ocupada por Israel tras la guerra de 1967. Debido a su particular densidad demográfica, más de un responsable israelí quiso soñar levantarse por la mañana y encontrar esta franja borrada del mapa. Durante 38 años de la ocupación unos 1’5 millones de palestinos subsistían en el 60% de la tierra, mientras que 6.000 colonos israelíes (el 5% del total de la población) ocupaba el 30% del territorio (el resto eran zonas sin asentamientos que están controladas por el ejército israelí, como carreteras de circunvalación y bases). Aparte de los gazíes la franja recibió más de 100 mil refugiados que huían de las matanzas y el terror israelí durante y poco después de la guerra de 1948. Los colonos israelíes en la Franja de Gaza disfrutaban de 699 veces más espacio per cápita que cualquier palestino de un campo de refugiados palestino[1].

Sharon ordenó la retirada unilateral de sus colonos y el ejército encargado de protegerles en agosto de 2005, siguiendo su plan de centrar los colonos okupas en Cisjordania y liberarse de las responsabilidades de la ocupación hacia los habitantes, aunque éstas fueran pocas.

En 1999, la empresa British Gas descubrió inmensos campos de gas natural, por un valor de miles de millones de dólares en aguas territoriales palestinas frente a la costa de Gaza. De hecho Israel ya ha construido un gasoducto horizontal para trasvasar gas de por lo menos uno de esos campos. Si hay una razón tácita para el cerco de Gaza, sería ésta.

Israel replegó su ejército en 2005 manteniendo el control efectivo de todos los puntos de entrada y salida de Gaza, así como el control de facto de los ingresos y de la economía de la zona. A pesar del desmantelamiento de las colonias en Gaza, Israel sigue ejerciendo un poder ocupante en Gaza, como en el resto de Palestina. Como tal, Israel es responsable  del bienestar de la gente que ocupa y no puede imponer en contra de toda legalidad internacional un bloqueo si castiga colectivamente a toda la población de Gaza. Las condiciones de vida impuestas sobre la población son consideradas por muchos críticos columnistas y jurídicos como crímenes evidentes, tanto el gobierno como los militares israelíes deberían ser enjuiciados por ellos.

Al poco tiempo después de que Hamás hubiera ganado las elecciones de febrero de 2006, consideradas como las más democráticas y transparentes celebradas en el mundo árabe, el gobierno de Ehud Olmert empezó a prohibir las importaciones de materias primas y básicas a la franja, así como las exportaciones de los empresarios palestinos y la salida de personas, argumentando que la organización integrista no reconocía a Israel y podía infiltrar armas que amenazarían su seguridad.

Durante los últimos seis años, el sitio israelí se ha hecho cada vez más implacable. Actualmente menos de un veinte por ciento del comercio normal con Gaza es permitido. El sitio ha llevado al colapso de la economía local, produciendo un fuerte aumento de desempleo, la pobreza y las tasas de desnutrición infantil y las muertes de civiles por falta de medicinas y equipos hospitalarios. El cierre hermético por Israel ha creado una catástrofe humanitaria intencional y deliberada la cual sigue manteniendo. Con este inhumano cerco sionazi, Israel ya ha recreado los peores aspectos del Gueto de Varsovia y de los campos de concentración nazis en Gaza – al transformar esa pequeña franja de tierra en la mayor prisión al aire libre del mundo, y la condición inhumanitaria del millón y medio de hombres, mujeres y niños ilegalmente encarcelados en Gaza es ahora la peor en los últimos cuarenta y tres años de ocupación israelí.

Israel defiende este cerco y todos los actos de agresión sobre Gaza, a pesar de ser considerados como crímenes de guerra (informe del juez Richard Goldstone) y de lesa humanidad por su brutal y vil destrucción injustificada de la infraestructura, de instituciones pertenecientes a las Naciones Unidas, de lugares, de colegios y de hospitales, de disparar indiscriminadamente contra civiles indefensos, del uso de arma prohibidas como el fósforo blanco… y todo ello alegando el derecho de autodefensa y de acabar con el núcleo del terrorismo de Hamás y la resistencia palestina a la ocupación. El sionismo y su impostora maquinaria propagandística defienden que Israel tenga el derecho de ocupar tierras de los demás, pero estos no pueden tener igual derecho a la resistencia. Cada vez el gobierno de Israel se ve arrinconado para cumplir con los acometimientos de paz, crea la excusa de iniciar una guerra contra sus vecinos para asentar nuevas condiciones sobre el terreno.

Desde la existencia del estado de Israel hemos presenciado una guerra cada década aproximadamente: la guerra de 1948, la agresión tripartita franco-anglo-israelí de 1956 contra Egipto, la guerra de los “Seis Días” de 1967, la del Ramadán o yom kippur en 1973, la invasión del Líbano en 1982-1988, la segunda guerra contra Líbano de 2006, y la agresión de Gaza de 2008-2009, además de los otros actos de violación de la soberanía de países árabes, efectuando actos de asesinato en centenares de casos mediante incursiones aéreas o a manos de asesinos del Mosad infiltrados con falsos pasaporte europeos y canadienses. Todos estos enfrentamientos bélicos, salvo la del 1973, fueron provocados e iniciados por Israel.

El cerco sionazi de Gaza es una oportunidad para utilizarlo como campo de ensayo bélico y humillar a los palestinos para apagar su espíritu de la resistencia y, por supuesto, adueñarse de los campos marítimos de gas natural. Es hora que empecemos a mirar a Gaza y a comprender la terrible dimensión de su sufrimiento. De igual repercusión que el muro de la vergüenza construido en los territorios palestinos de Cisjordania, resulta que da lugar a una paradoja que Israel está pagando, y con acierto señala The Economist y refuerza el New York Times: Israel está más aislada que nunca. El cerco que articula sobre Gaza es un cerco sobre sí misma.


[1] [1] Sara Roy, La Franja de Gaza: The Political Economy of De-Development, 1995, p. 178.

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