Una reflexión sobre Oriente Próximo, parte I


Dos estados es la solución más favorable a los israelíes.

Aquellos que rehúsan el enfrentamiento directo y el dialogo para resolver sus diferencias con sus adversarios puede que posean causas fundadas para su postura. Generalmente, poseen unos razonamientos y pretextos muy débiles que se reflejan negativamente en sus comportamientos. El ejemplo lo tenemos muy evidente a través de la historia antigua como de la contemporánea. Veamos, los árabes mantuvieron en varias negociaciones indirectas con los israelíes una postura muy firme, rechazaron todo encuentro al menos, públicamente, durante varias décadas del siglo pasado, y aunque hubieron numerosos encuentros secretos desde tiempos del Rey Abdallah I de Jordania. Mientras Israel insistía en un principio en las negociaciones directas, rechazadas por los árabes que creyeron tener las excusas justas y las alegaciones morales muy fundadas, a pesar de que su postura fuera siempre débil ante la opinión pública mundial. Esta actitud duró hasta que las circunstancias se invirtieron; los árabes acordaron, más tarde, dar un paso hacia delante y aceptar las negociaciones, a través de un mediador, EE UU (el presidente egipcio Sadat siempre lo creyó como el único efectivo), pero nada justo, unilateral y manipulado por los intereses del lado israelí. El razonamiento de este cambio del lado árabe era para alejar las acusaciones de no querer contactar con su eterno enemigo. Durante esta nueva postura y al tiempo que las negociaciones progresaran, los resultados acuerdos aparecían cada vez más inalcanzables y más difíciles de realizar, pero esta vez, por la intransigencia y arrogancia israelíes, y hacían de las esperanzas de los palestinos una decepción más, y de su desconfianza en las potencias que auspician los encuentros cada vez mayor. Entre estos acontecimientos históricos están:

  • El histórico encuentro entre Anwar Sadat (1918-1981), presidente de Egipto con el israelí Menachim Begin en septiembre 1978 precedida por su viaje a Jerusalén en noviembre de 1977. La paz firmada el 26 de marzo 1979 auspiciada por el presidente Carter como testigo entre Israel y Egipto constaba de varios elementos principales, a saber: la culminación del estado de guerra el fin de actos o amenazas de beligerancia, hostilidad o violencia; el establecimiento de relaciones diplomáticas, económicas y culturales; la eliminación de los obstáculos para el comercio y la libertad de movimiento; y la retirada israelí de las fuerzas militares y asentamientos civiles de la península del Sinaí la cual fue concluida en 1982.
  • La Conferencia de Paz de Madrid octubre 1991, con su famosa resolución, “paz por tierra”
  • El Acuerdo de Oslo entre palestinos e israelíes auspiciado por el gobierno noruego, Los acuerdos de Oslo fueron una serie de acuerdos negociados y oficialmente llamado la Declaración de Principios. Que prevé  en esencia, la retirada de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza y Cisjordania, así como el derecho de los palestinos al autogobierno. El  Gobierno palestino duraría cinco años de manera interina, durante los cuales el estatus sería renegociado (a partir de mayo de 1996). Las cuestiones acerca de Jerusalén, los refugiados, los asentamientos israelíes, la seguridad y las fronteras exactas fueron excluidas. El autogobierno interino sería desarrollado en fases.
  • Más tarde los acuerdos bilaterales jordano-israelí Acuerdo de (Wadi Áraba) y egipcio-israelí
  • Y por ende, los numerosos encuentros entre palestinos e israelíes dentro del marco de las negociaciones finalistas de Paz.

Las mismas posturas provocadoras de obstinación, pero ahora por parte del gobierno hebreo, se repiten constantemente dando un portazo a toda oportunidad de diálogo y paz. El gobierno de Sharon rechazó continuar las negociaciones con la Autoridad Palestina (AP) y con su Presidente elegido democráticamente Yasser Arafat, que moriría envenenado y casi encarcelado en Al Muqataa por Sharon, exigiendo a la vez su sustitución para aceptar proseguir con las mismas. Apuntaron a Mahmoud Abas, arquitecto de los Acuerdos de Oslo, pero nada consiguió este interlocutor a lo largo de su presidencia de la AP.

No obstante, a pesar de que la postura israelí estuviera apoyada por el beneplácito de las fuerzas militares y por el apoyo total americano y por su veto en el Consejo de Seguridad, siempre es una escapada hacia delante, porque las negociaciones y los posibles acuerdos con los palestinos representarían un obstáculo ante la realización del proyecto sionista sobre las tierras palestinas en su totalidad, y el fin de sus sueños y planes expansionistas a expensas de los intereses legítimos palestinos. Israel que, siempre, estuvo exigiendo el encuentro con sus adversarios árabes, ahora, vuelve su espalda para entorpecer y obstaculizar todo arreglo que pueda llevar la paz a la región, a largo, como a corto, alcance. Por supuesto, nadie tiene que culpar únicamente a los actos suicidas de la parte palestina que, en más de una ocasión, hicieron suspender y cancelarlos encuentros, también hay que culpar al provocador. Si no hubiera ocupación, jamás habría enfrentamiento ni autoinmolación entre civiles.

Lo mismo se aplica a las enemistades entre dos pueblos vecinos (Irak e Irán) que durante la década de los ochenta del siglo pasado se vieron envueltos en una guerra atroz que duró desde septiembre de 1980 hasta agosto de 1988. Los gobiernos de ambos países se negaron a todo tipo de negociaciones directas. La guerra llegó a su fin sin haber conseguido las deseadas negociaciones, serias y definitivas para acabar con el conflicto y sus consecuencias para siempre. Cada parte mantiene sus reivindicaciones como al inicio de la contienda. Las razones de la guerra y sus atrocidades no se borraron de la mente de sus respectivos líderes ni pueblos. Parece ser que el enfrentamiento bélico es más sencillo que sentarse en la mesa de negociaciones y el sacrificio de almas inocentes es más corto que el camino del diálogo y entendimiento.

Antes de la invasión de Kuwait por parte del régimen de Saddam Hussein, los acuerdos entre ambos fracasaron desde la primera reunión. Numerosas fuerzas, algunas lejanas de la región condujeron hacia la explosión del statu quo, minado de antemano por la crispación y las exigencias de ambos, hasta que llegó la guerra y se movilizaron ejércitos de más de 30 países, liderados por las potencias de siempre; estadounidense e inglesa. Terminó la aventura con la retirada del ejército de Saddam y su parcial destrucción y, lo peor aún, el aislamiento del pueblo iraquí y el embargo impuesto por parte del Consejo de Seguridad ante las presiones de EE UU e Inglaterra, durante más de una década para acabar con la vida de más de medio millón de niños inocentes, cuya única culpa era haber nacido en un lugar que no eligieron. Algo similar a esto ocurrió cuando el contagio del conflicto de Oriente Próximo se trasladó hasta EE UU e Inglaterra. Dos potencias mundiales obcecadas por sus intereses colonialistas e imperialistas, declararon la guerra contra todo tipo de diálogo y de negociaciones con los Talibanes de Afganistán y más tarde con Irak, y sin contar con la legalidad internacional ni respetar la Carta de las NN. UU.

Israel, con su actitud inmutable, no defiende su seguridad, sino la ocupación y cómo administrarla. Exige de sus aliados occidentales la bendición y la legalización total y concluyente de esta ocupación. Por desgracia tanto los americanos como los europeos tomaron ciertas indebidas posturas que se resumen en los siguientes:

  1. no al rechazo del muro israelí en Cisjordania;
  2. no al Internacional Consejo de Justicia, Tribunal de Justicia de la Haya;
  3. no reconocer el terrorismo de Estado israelí;
  4. tampoco reconocer la resistencia a la ocupación. Pues para ellos el “terrorismo” israelí es tan legal como defendible y no es considerado como tal, porque entienden que Israel lucha contra la resistencia por parte de los palestinos para extender su dominio y ampliar las fronteras que hasta el momento no aparecen en ningún mapa oficial de Israel. Per a esta resistencia que sí la consideran como una forma de terrorismo y no como un derecho legítimo, tan reconocida por las leyes internacionales de todo pueblo.

Por ejemplo cuando apoyaron la “Hoja de Ruta” los europeos miraron sólo las exigencias del gobierno israelí, porque EE UU siempre obedece las exigencias del lobby sionista representado en sus Administraciones por los neoconservadores. Europa es siempre impotente, e Israel que dio la espalda, con luz verde americana, a toda Resolución del Consejo de Seguridad, y por el contrario, ofreció soluciones condicionadas sin esperanza de lograr la paz, tampoco continuar con negociaciones prometedoras. Isaac Shamir, manifestó durante la Conferencia de Paz de Madrid (octubre 1991) al acudir “obligado” por los EE UU: “Colaboraremos sin conceder nada durante los diez próximos años y luego destruiremos todo lo conseguido”. Igualmente, lo dijo en su momento Sharon: “Eliminaré toda posibilidad de paz y enterraré la Hoja de Ruta”. Su reafirmación de que Jerusalén es la capital eterna de Israel en Septiembre de 2005 durante la Reunión de la Asamblea General fue inoportuna y muy provocadora. Estas no fueron voluntades de hacer la paz, sea justa o no. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, para echarle más leña al fuego y obstaculizar aun más las posibles negociaciones, se ha defendido en Washington ante AIPAC el 23 de marzo de 2010, de las desproporcionadas críticas recibidas por los planes de su Gobierno de construir 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Este (ciudad árabe) asegurando que la disputada ciudad santa no es un asentamiento sino “la capital” del Estado israelí.

 

 

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