Islamofobia y antisemitismo

¿Representan los actos terroristas un dilema para occidente?

¿Por qué nos sorprenden actos tan abominables como los últimos perpetrados por fanáticos si son alimentados por anormales ideologías? ¿A quién debemos erradicar, a los desatados radicales que suelen ser individuos que trabajan en solitario o en pequeños grupos, o a quiénes fomentan e incitan la existencia de estos que son las instituciones estatales y los organismos gubernamentales?

Muchas veces la opresión y la injusticia refuerzan la idea del rechazo y cierran la puerta del diálogo, y aquí está la labor de los pueblos amantes de la paz y de la justicia y, cómo no, la labor de los organismos internacionales como independientes intérpretes que velan por el bienestar de la humanidad, para enterrar viejas enemistades y estrechar puentes entre las partes en conflictos.

Cuando existe una potencia de dimensiones históricas, en la cual muchas naciones confiaron como justo patrocinador para restaurar la justicia, pero fueron defraudadas, resulta obvio escuchar, de vez en cuando, injustificados crímenes perpetrados por descerebrados como el ultraderechista noruego Anders Behring Breivik, el soldado norteamericano Robert Bales y el más reciente de Toulouse por Mohamed Merah. Cada actor ha encontrado el terreno abonado y las condiciones favorecidas para acometer su crimen. Ante la desesperación el camino hacia cualquier crimen es corto.

Asombrosamente, la aplicación de los principios de justicia, de legalidad internacional, de humanidad, de moral y de condición de la libertad, de derechos de los individuos y de pueblos no es igual para todos. Los principios se interpretan según los intereses y con doble vara, incluso se promulgan leyes para justificar guerras. Las verdades se tergiversan como las demás leyes humanas y leyes políticas en diferentes partes del planeta. Los objetivos cambian a través del paso de tiempo. Sin embargo, la interpretación de las leyes ha sido acorde con los intereses de los fuertes y con sus apetencias colonialistas aunque quisiéramos darles un color legítimo democrático.

El extremismo ha adquirido distintas facetas y emergencias. No son únicamente los grupos fundamentalistas los que amenazan la seguridad mundial, sino también el radicalismo y el recurrente “terrorismo de Estado” que empujan hacia la perduración y la ampliación del círculo de la violencia, la destrucción y la represalia en el mundo. Enfocados para borrar la existencia del “otro” a través de su total marginación y dominación. El ejemplo lo tenemos en la olvidada ocupación de Palestina, las guerras perdidas en Irak y Afganistán. Numerosos ejemplos ocurrieron en el mundo donde los conflictos se recrudecieron por falta de flexibilidad y por insistir en la idea de aniquilar al “otro” encubriendo a los intereses materiales. Es la misma idea de venganza y odio de todos los tiempos. Esta postura nace de una única mentalidad, no importa la raza ni el color ideológico detrás de ella, siempre estará dominada por el extremismo, el fundamentalismo, la negación del “otro” y  por el empeño en su destrucción y su desaparición o exterminio. Numerosos conflictos actuales pueden resolverse y superarse mediante la comunicación y el diálogo directo entre individuos, grupos e incluso países. Numerosas conflagraciones cuyas víctimas fueron millones de almas inocentes, encontraron, posteriormente, su fin después de arduas y duradera reuniones y obtuvieron acuerdos gracias a mutuas concesiones, entendimientos y colaboración.

“… los responsables políticos deben apelar a la unidad cívica cuando se producen” del blog de Lluis Bassets 22/03/2012. Efectivamente, y es de razón, pero también el poderoso o el vencedor saben perdonar mejor, deben restaurar los derechos del perdedor o gran parte de ellos, y que con esta virtud cambiarán ese afán de fanatismo. Muchas veces la opresión y la injusticia refuerzan la idea del rechazo y cierran la puerta del diálogo, y aquí está la labor de los pueblos amantes de la paz y de la justicia y, cómo no, la labor de los organismos internacionales como independientes interpretes que velan por el bienestar de la humanidad, enterrar viejas enemistades y estrechar puentes entre las partes en conflictos. Por desgracia, esto no ocurre así. Para el soldado norteamericano sometido al stress diario de la guerra, pero bien enseñado para defenderse del enemigo siempre cercano. Para el suicida palestino que lo pierde todo hasta varios miembros de su familia y quiere vengarse del opresor ocupante. O para el yihadista del Al Qaeda que quiere emprender la guerra santa contra todo occidental ajeno a la enseñanza islámica, lo enfoca en el conflicto árabe israelí, aunque no lo creamos así quienes vivimos lejos de Oriente Próximo. Estos tres ejemplos son fruto de la impotencia individual ante la prepotencia estatal. Porque el papel que desempeñan algunas potencias mundiales, está teñido por la arrogancia y exigencia, muchas veces guiadas por los propios intereses de ciertos grupos cercanos a la administración gubernamental y a los think tank partidarios que reflejan su alianza hacia uno u otro bando.

No debemos dar lugar a los oportunistas para sacar provecho de un aislado crimen. La derecha francesa aprovechará de este crimen para propósitos electorales, ya que incluso antes de cometerse este crimen, la derecha incitaba en cierto modo a la xenofobia hacia todo de origen magrebí, aunque el presidente Sarkozy insistiera en no responsabilizar a los musulmanes franceses, la prensa derechista continuó con su campaña propagandística contra estos. Es un deber y una gran responsabilidad del gobierno francés saber cómo llevar a cabo el tema sin caer en el fallo de facilitar a las organizaciones radicales yihadistas como Al Qaeda, poder reclutar a jóvenes musulmanes frustrados, marginados y sufren del desempleo y la privación y no conocen otro entorno de vivir salvo los barrios más pobres donde abunda la delincuencia social y el mejor cultivo para el radicalismo.

Por otra parte, es verdad que se exige también de esta minoría musulmana, no sólo en Francia sino también en todo occidente, que respete la ley y la convivencia pacífica y respetuosa con los demás ciudadanos y agradezca a esos países por abrirles las puertas para proporcionarles lo que no consiguieron en sus propios países. Por el contrario, esos países no deben generalizar de responsables a todos los musulmanes por el acto de un individuo. Hemos de recordar que también en occidente conviven otros musulmanes más responsables y con alto nivel de cultura y de productividad que lo que la prensa nos hace ver. Muchos son profesores universitarios y otro son deportistas de primera más que integrados en esta sociedad occidental.

Toda muerte de un ser vivo es un acto inadmisible y denunciable y más si es un niño. Pero no debemos diferenciar entre  un niño y otro según su color, su raza, su etnia o su religión. La islamofobia como el antisemitismo deben de llegar a su fin, por una paz ciudadana para todos.

 

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Una respuesta a Islamofobia y antisemitismo

  1. Abdo Tounsi dijo:

    De acuerdo al 100% con lo que analizas y expones amigo Pablo… Y añado sólo esta pregunta: ¿Por qué eligió el asesino de Francia estos momentos de campaña electoral, para cometer su horrendo acto?… Saludo, si me permites me lo llevo a mi blog… Salam

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