Libertad de expresión se extingue si altera el orden o amenaza la existencia del otro.

 ¿Es Al Qaeda el instigador a toda esta reacción, injusta como injustificada, a una película de bajo presupuesto, pero hecha con toda maldad y engaño a los actores? O ¿Es en realidad el rechazo a la política de occidente en general y de los Estados Unidos en particular respecto a la región del mundo árabe? ¿Ha pecado el mundo árabe y musulmán en esta guerra provocada y diabólicamente planeada?

 La islamofobia tiene sus momentos de reaparición y de latencia en el mundo occidental, desde siglos atrás en la historia. Más manifiesto su impacto desde la publicación de versos satánicos en el Reino Unido en 1988 que trajo consigo una fuerte polémica, desde la prohibición y quema del libro en los países musulmanes así como disturbios tanto en el RU como en los EE UU.  El 14 de febrero de 1989, el ayatolá Jomeini proclama una fatwa, instando a la población musulmana a ejecutar a cualquier persona relacionada con la publicación del libro.

 Desde finales de 2005 las Caricaturas de Mahoma se han convertido en el centro de una importante controversia política, luego de que el 30 de septiembre del mismo año se publicaran 12 caricaturas satíricas en torno a la figura del profeta Mahoma. Entre ellas, una sugiere que esconde una bomba dentro de su turbante. Los dibujos fueron impresos por el periódico danés de derecha Jylland- Posten como una ilustración satírica que acompañaba un artículo sobre autocensura y libertad de expresión, que comentaba el hecho de que ningún artista se atreve a ilustrar los libros infantiles del autor danés Kare Bluitgen sobre Mahoma a menos que se garantice el anonimato de su trabajo, alegando que tienen miedo a las represalias de musulmanes extremistas, dado que según las creencias islámicas está prohibido representar la figura de Mahoma -aún de forma positiva- pues consideran que puede dar lugar a la idolatría. El periódico sostuvo que los dibujos fueron un ejercicio de libertad de expresión, al igual que el gobierno danés, que declinó dar una disculpa, estimulando la molestia de los musulmanes de Dinamarca. Los países islámicos lo consideraron una provocación, al igual que la Iglesia Católica.

 ¡Hace poco la canciller alemana Ángela Merkel impidió, tras una protesta energética de la Iglesia Alemana, la publicación de caricaturas sobre Jesucristo, pero al mismo tiempo condecoró al autor de las caricaturas sobre Mahoma!

Tanto el ciudadano norteamericano como el europeo pueden convertir a Jesucristo en una leyenda o en un bailarín en una película musical sin que sea cuestionado por la ley ni llamar la atención del ciudadano occidental de a pie (Jesucristo Superstar, El código Da Vinci). Por el contrario en Alemania es delito señalar a un judío que lleva a tres años de cárcel, e igualmente, cuestionar el número de víctimas del holocausto puede sancionarse con pagar decenas de miles de euros en Francia.

 Así hemos aprendido a lo largo de nuestra historia cómo la influencia de judíos poderosos y en nombre de la civilización cristiano judaica a resolver el pecado del derramamiento de la sangre de Jesús. Pero por lo contrario perseguir el derramamiento de la sangre judía. Y detrás de la libertad de expresión  se permitió con marrullería la sátira y la burla de otras religiones, incluida la cristiana.

Y cuando un israelí financia la producción de una película junto con rencorosos voluntarios o simplemente engañados, entonces es fácil desatar la ira y provocar las manifestaciones en el mundo árabe y musulmán y entonces el árabe se convierte en intolerantes fanáticos con consecuencias lamentables de muertes y destrucción. Es verdad que el gobierno de los EE UU no está detrás de esa película pero ha producido una propaganda perversa y envenenada en detrimento de la cultura árabe y musulmana y dio pretexto de destruir naciones como la iraquí y la afgana y todo en nombre de la guerra contra el terrorismo.

 Es de esperar la aparición de un raro personaje como el reverendo Terry Jones, que ganó fama en el año 2000 por su crítica del islam y la homosexualidad y, más aún, cuando amenazó con quemar el Corán que más tarde no vaciló en llevar a cabo tan abominable acto. También es de esperar la aparición de organizaciones y clubes como el Tea Party, o que reapareciera la cruzada de Bush junior y los neocons y a pesar de que el presidente Obama pretendiera convertirla en vez de la guerra contra el terrorismo en guerra contra Al Qaeda, es él ahora, porque todo vale durante la campaña electoral, el presidente negro de origen africano sin derecho como presidente en la América blanca.

 La mayoría absoluta del mundo árabe no apoya ni la producción de la siniestra película, cristianos incluidos, ni las reacciones desatadas por la ciega ira. Todo ello sólo sirve a los planes del sionismo que dejan como ganador a Israel en este mundo de aparente provocado salvajismo. Quién indaga en todos los eventos de carácter muy radical en esta región, encontraría cierto vínculo con señales que despacha el enemigo colonialista, camuflado en la civilización de occidente desde finales de la Segunda Guerra Mundial, y que coincide mucho en el objetivo con la nefasta declaración del secretario de estado norteamericano Henry Kissinger en 1973, en la era Nixon después de la guerra de octubre entre Siria y Egipto contra Israel, cuando dijo lo que quiere decir que aquella fuera la última guerra entre árabes e israelíes, las futuras serán entre los árabes.

 Así llegamos a una conclusión tan irrefutable como extendida, que occidente y a pesar de sus avances científicos y todos los aspectos de la civilización, sigue siendo incapaz de entender al mundo musulmán en general y al árabe en particular aunque les une historia común de vecindad e intercambio cultural de siglos. Nadie admite hoy día, así por las buenas, el dominio de una mentalidad sobre otra en vez de fomentar el mutuo respeto basado en el intercambio de intereses. Es verdad que es aceptable y bien defendida la libertad de expresión, pero este derecho de libertad termina donde empieza el derecho de los demás, o sea, ninguno de los dos puede ser particularmente absoluto.

 ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los regímenes árabes en controlar y frenar la burda reacción de sus ciudadanos?

 No cabe duda que los gobernantes árabes que disfrutaban de tranquilidad hasta que comenzara la revolución en Túnez a finales de 2010 y haber conseguido derrocar a los más dictadores como  Mubarak y Ben Ali a principios del año siguiente y meses más tarde a Gaddafi y Saleh, han jugado el papel de agentes, que les fue bien asignado, de salvaguardar los intereses de occidente y mantener estrechos lazos de amistad con él, a cambio de ganarse el apoyo político de las grandes potencias en la escena internacional. Esta relación fue basada en una ecuación bilateral desequilibrada y en detrimento de los intereses del pueblo árabe. Los líderes árabes derrocados junto a otros acusados de lo mismo que siguen en el poder, han podido plasmar la idea: “o nosotros, o la oposición”, que esta unas veces incluía a los partidos de izquierda como los comunistas, nacionalista y baasistas, sin ocultar su rechazo a toda sumisión de occidente y, otras, a los radicales musulmanes que siempre supieron mantener la cuerda floja con el régimen o mantener ocultos contactos con occidente. Después del 11-S la amenaza se centraría en AL Qaeda cuyos actos de barbarie lógicamente no guardan carácter humanitario, además de su conexión con los Taliban de Afganistán o con los salafistas (fundamentalistas islámicos) que están ganando terreno lo largo y ancho del escenario bélico.

 Esta relación desnivelada entre occidente y el mundo islámico en general y árabe en particular, sigue presente. Está basada sobre el principio de dominio y contención de todo intento que amenaza su continuidad. Está fomentada gracias a la política que se teje en los centros del think tank occidental, y demás centros financiados por el sionismo mundial para arraigar el concepto de la conducta del musulmán o el árabe como si fuera un reflejo primitivo saturado de odio, y de la barbarie de siglos atrás y de su radicalismo religioso que, fácilmente flota a la superficie social cada vez que occidente permite a algunos medios, camuflados detrás del derecho de la libertad de expresión, procedan a publicar viñetas y difundir videos que excitan ese “primitivo” reflejo apasionado a defender sus creencias, y en particular, las religiosas, pero que coinciden con el objetivo que los líderes árabes consiguieron plasmar a lo largo de décadas y que se fijó en la mente de quienes protegen a estos regímenes y los suministran con todo tipo de armas y de expertos en la seguridad policiaca. Hasta hace poco occidente se burlaba de los alemanes y japoneses y últimamente llegó la hora de hacerlo de los árabes y musulmanes y de su cultura como motivos para provocar la risa.

 Entonces esta relación, descompensada en todas sus facetas tanto las político- culturales como las económicas, perdura gracias a los regímenes represivos en el mundo árabe, y se considera a su vez un terreno fértil para el enfrentamiento continuo, porque es imposible hoy en día el aniquilamiento de una cultura y máxime si es tan extendida e interesa a más de mil millones de ciudadanos. Y resulta necesario todo lo contrario, fomentar la alianzas de las civilizaciones. Este último resulta ser el más correcto, las relaciones entre miembros de diferente civilizaciones debe de ser basada en la comunicación, en el entendimiento aprovechando más los medios de comunicación social y la globalización gracias al internet con todas sus modalidades, y en especial en las sociedades multiculturales.

 El derecho de la libertad de expresión se detiene donde llega a afectar al derecho del otro. La historia no brinda de numerosos ejemplos donde los árabes y musulmanes fueron el crisol de la ciencia y llevaron los estandartes de transmitir las culturas orientales a occidente y en ningún acontecimiento se podría confirmar que estos hubieran burlado de profetas de otras religiones sino se brinda todo respeto y veneración hacia los más representativos para occidente cristiano como Jesucristo y Moisés. Pero mientras los regímenes árabes carezcan de gobernantes y responsables que velan por el bienestar y el derecho de sus ciudadanos en un estado democrático y paren enérgicamente toda burla hacia sus creencias y costumbres por un lado, y pongan freno a las agresiones militares destructoras de sus países que no tienen derecho ni razón por otro, el mundo árabe seguirá siendo motivo de ridiculizas e ironías que le sentencian al retraso y a la tiembla de la ignorancia y desenfrenada reacción primitiva.

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Una respuesta a Libertad de expresión se extingue si altera el orden o amenaza la existencia del otro.

  1. Abdo Tounsi dijo:

    Las preguntas y las respuestas en una SIONISMO… Gracias por tan amplio análisis… Salam

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