PERSEGUIDOS, PERSEGUIDORES

Israel ha dado a confirmar a lo largo de sus sesenta años de existencia que es una entidad colonialista ocupante, que no acata las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que posee potencia nuclear no registrada, que conquistó la tierra de otro pueblo obligando a la mayoría de esa población a emigrarse y al resto que quedó lo trata como si fueran ciudadanos de segunda clase, usurpando sus bienes y tierras de forma constante, humillándolos y sin reconocer sus derechos. Esto es un ejemplo de lo que piensan escritores alemanes como Günter Grass, para liberarse del legado nazi de Hitler y responder al sionismo internacional que utiliza el chantaje del holocausto de forma incesante. Ha sido el sionismo internacional quien declaró la guerra contra Alemania, así escribe el columnista del diario jordano AlRai, T. Massarweh[1], y como reacción lógica de los nazi fue la concentración de los judíos europeos (sin aludirnos aquí al holocausto nazi por no ser el objetivo del tema), de igual manera que los EEUU concentrara a los japoneses de origen norteamericano o como hizo Australia con sus ciudadanos de origen alemán. Curiosamente estos dos países no sintieron vergüenza ni se sometieron al chantaje, simplemente porque los afectados no fueron judíos. A continuación reproducimos el trabajo de dos escritores judíos Erich Fried y Günter Grass.

“Cuando fuimos perseguidos fui uno de vosotros, ¿cómo seguir siendo cuando sois perseguidores?”  Erich Fried[2]
Vuestro deseo fue/ ser como los pueblos/ que os asesinaban./ ¡Bien, ya lo habéis conseguido!

Habéis sobrevivido/ a quienes os torturaban./ ¿Y no pervive hoy/ su tortura en vosotros?

¡Ven/ pueblo de Israel!/ ¡Sal de tu injusticia!/ ¡Apártate de lo que te convierte/ en el hazmerreír de los pueblos!/ Incluso los que a tu faz se muestran/ amigos buscando su provecho/ tuercen la nariz y se mofan/ cuando giras la cabeza:/ ‘¡Ahí tenéis al pueblo de la Biblia,/ sediento y ávido de venganza/ como ningún otro pueblo/ de este inmenso mundo ensangrentado!’.

¡Ven/ pueblo de Israel!/ ¡Sal de tu injusticia!/ No es demasiado/ tarde para el cambio/ aun cuando te resulte duro y costoso./ No te hace guiños ni el oro/ ni te espera una inmensa fortuna./ Tu único camino/ es el la reparación./ Ya en tiempos/ tus profetas/ tuvieron para ti palabras amargas,/ tampoco ellos te adularon,/ y, sin embargo, tú no lapidaste a todos,/ a veces escuchaste a alguno/ aunque raramente por largo tiempo.

Y bien conoces/ a dónde lleva el camino de tu injusticia,/ que recorres convirtiéndolo en ruta militar,/ el camino de tu arrogancia/ sobre el que crece más veloz/ tu angustia oculta que tu valor sincero/ o el número de tus armas.

Ya conoces el final/ de quien con su palabra y quehacer/ convierte a su entorno en enemigo,/ si no hoy mañana,/ si no mañana pasado mañana,/ y si no cuando tus hijos y nietos.

Y tú sabes/ qué significa sufrir y pasar miseria,/ conoces por tu propia y larga experiencia/ cincelada en ti,/ tan grabada como los surcos y arrugas/ burilados por el tiempo en tu viejo rostro.

Reconoce al fin/ el dolor de aquellos a quienes tú martirizas,/ no debes regar el dolor sembrado/ con nuevo sufrimiento/ ni esperar a que crezca y produzca gran cosecha,/ superior/ a la que puedas recolectar en tu granero.

¡Ven, viejo pueblo/ antes de que sea tarde!/ ¡Sé razonable,/ nunca es tarde para cambiar!/ ¿Acaso aguardas// a que las piedras angulares de tu casa/ comiencen a desmoronarse bajo los impactos/ y fenezcas en sus escombros?».

Es el lamento del poeta judío alemán Erich Fried, nacido en Viena en 1921, a quien se le concedió en 1973 el premio nacional austriaco de poesía y que, como judío que se sentía corresponsable de la agresión de su pueblo contra los árabes, destinó la mitad de la dotación para dos líderes de la Liga Israelita de Derechos Humanos, y de la otra mitad una parte donó para pagar las costas a un abogado de Hamburgo en defensa de palestinos juzgados en la República Federal de Alemania. Es el grito sonoro de condena de este judío alemán ­a quien los nazis mataron a gran parte de su familia­, gran poeta y hombre, que hoy se hace más denuncia si cabe ante la inhumana masacre de Israel contra el pueblo palestino. «¡Höre, Israel!» ­¡escucha, Israel!­ es, de nuevo, denuncia amarga en la voz de un profeta judío. Un comentario honesto ante la situación pusilánime e imbécil de políticos actuales, deshumanizados y sumisos.

De nuevo un escritor alemán, Günter Grass,[3] clama ante Israel y su gobierno alemán, algo que ya antes otro poeta alemán,

 

Lo que hay que decir:Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,

sobre lo que es manifiesto y se utilizaba

en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,

solo acabamos como notas a pie de página.

Es el supuesto derecho a un ataque preventivo

el que podría exterminar al pueblo iraní,

subyugado y conducido al júbilo organizado

por un fanfarrón,

porque en su jurisdicción se sospecha

la fabricación de una bomba atómica.

Pero ¿por qué me prohíbo nombrar

a ese otro país en el que

desde hace años —aunque mantenido en secreto—

se dispone de un creciente potencial nuclear,

fuera de control, ya que

es inaccesible a toda inspección?

El silencio general sobre ese hecho,

al que se ha sometido mi propio silencio,

lo siento como gravosa mentira

y coacción que amenaza castigar

en cuanto no se respeta;

“antisemitismo” se llama la condena.

Ahora, sin embargo, porque mi país,

alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez

por crímenes muy propios

sin parangón alguno,

de nuevo y de forma rutinaria, aunque

enseguida calificada de reparación,

va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad

es dirigir ojivas aniquiladoras

hacia donde no se ha probado

la existencia de una sola bomba,

aunque se quiera aportar como prueba el temor…

digo lo que hay que decir.

¿Por qué he callado hasta ahora?

Porque creía que mi origen,

marcado por un estigma imborrable,

me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,

al país de Israel, al que estoy unido

y quiero seguir estándolo.

¿Por qué solo ahora lo digo,

envejecido y con mi última tinta:

Israel, potencia nuclear, pone en peligro

una paz mundial ya de por sí quebradiza?

Porque hay que decir

lo que mañana podría ser demasiado tarde,

y porque —suficientemente incriminados como alemanes—

podríamos ser cómplices de un crimen

que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa

no podría extinguirse

con ninguna de las excusas habituales.

Lo admito: no sigo callando

porque estoy harto

de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además

que muchos se liberen del silencio, exijan

al causante de ese peligro visible que renuncie

al uso de la fuerza e insistan también

en que los gobiernos de ambos países permitan

el control permanente y sin trabas

por una instancia internacional

del potencial nuclear israelí

y de las instalaciones nucleares iraníes.

Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,

más aún, a todos los seres humanos que en esa región

ocupada por la demencia

viven enemistados codo con codo,

odiándose mutuamente,

y en definitiva también ayudarnos.

¡Escucha, Israel!  (Erich Fried)

Cuando fuimos perseguidos

fui uno de vosotros,

¿cómo seguir siendo

cuando sois perseguidores?

Anhelo vuestro fue

ser como los pueblos

que os asesinaban.

¡Ya sois como ellos!

Habéis sobrevivido

a quienes os torturaban.

¿No pervive hoy

su tortura en vosotros?

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