Holocausto Palestino I

Holocausto Palestino

Parte I

Debemos aprender del enemigo israelí sus retahílas de tretas que usa para ofuscar la memoria de la comunidad internacional y seguir apareciendo como la víctima y no el agresor. De ese victimismo ha conseguido escaparse de la ley internacional,  consolidar su economía gracias a las indemnizaciones del gobierno alemán que no cesan de ingresar en sus arcas, para invertir el dinero en extender el territorio usurpado a los palestinos desde que se comenzaron los enfrentamientos a primero del siglo pasado, y obtener el más del 80% del dinero que dona anualmente como ayudas del gobierno de Washington para utilizarlo directamente en la construcción de las colonias en toda la extensión de Palestina, y otras veces ese dinero sirve para la compra de las armas y aviones más sofisticados que solo el ejército estadounidense tiene en su arsenal.

Israel ha conseguido convencer a gobiernos, como los EE UU, para construir nada menos que 23 mausoleos que recuerdan el holocausto nazi en territorio estadounidense, igualmente consiguió del gobierno alemán el compromiso para construir el monumento al holocausto de Berlín. Todos estos monumentos se añaden a cuatro existentes en territorio israelí para hacernos recordar el sufrimiento judío a manos nazi, pero al fin y al cabo, europeas y cristianas ante todo. Nada tiene que ver con todo ello el mundo ni árabe, en particular los palestinos, ni el musulmán. Los palestinos no carecen de motivos para semejante memorial, que estampe el salvajismo israelí a sangre fría contra el pueblo civil y desarmado,  prácticamente desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

El problema está con la Industria del Holocausto, como dice Norman Finkelstein, y con las personas que están tratando de ganarse la vida con la sangre de las víctimas, o tomar ventaja de su memoria para desviar la atención de los crímenes de Israel que se cometen a diario, y el carácter SIONAZI de su ejecución, en contra de los palestinos.

Esta característica del artificial estado israelí, sin entrar en detalles políticos, logísticos o conspiratorios que envolvieron su creación, nos explica el beneficio de mantener vivo, el recuerdo del extermino judío, conocido como holocausto, que brinda su beneficio para la estrategia “expansionista e imperialista” de Israel. ¿Por qué durante décadas hemos visto, y seguimos viendo, imágenes de aquellas escenas tan horribles de cuerpos desnudos y amontonados y cargados con excavadoras para su posterior entierro en fosas colectivas, al tiempo que rara vez se puede recordar otras imágenes de millones de civiles europeos masacrados bajo los bombardeos de las fuerzas enemigas durante la misma guerra, y mucho menos de las masacres cometidas por el ejército israelí en numerosos ataques contra civiles palestinos?

Recordemos las matanzas de Sharofat, Qibbya, Kefr Qassim, Sammoú, Ayoun Qara, Al Aqssa, Hebron, Jabalina, Qana, o la más resonante de Der Yassin, cometida el 9 de abril de 1948 a manos de la banda terrorista sionista llamada Argon, liderada por Menachim Begin, que sería más tarde Primer Ministro Israelí y cuyas víctimas fueron 254 ancianos, mujeres y niños. También recordarle al lector la masacre de Lod a manos de los mismos superviviente del holocausto, con 500 mártires, incluyendo 150 muertos en el interior de la Gran Mezquita, en Latrun. O la de Sabra y Shatila, cuando tres mil palestinos, refugiados en los campos de Sabra y Chatila, en las afueras de Beirut, fueron masacrados entre el 16 y el 18 de septiembre de 1982 por la Falange Cristiana de Elie Hobeika, milicia libanesa que operó bajo la supervisión directa del Ejército de Israel, y con su apoyo logístico. Cabe mencionar la masacre de Bahr el Baqar (Egipto) en 1970 cuando aviones israelíes bombardearon una escuela matando a 30 alumnos e hiriendo a decenas de alumnos más. Igualmente la masacre en Hebrón en 1994 a manos del terrorista israelí Baroch Goldstein cuando cargó a sangre fría a 29 ciudadanos que estuvieron rezando en la Mezquita de Abraham. La incursiones en Gaza y el asesinato “selecto, como ostenta el gobierno de Tel Aviv” de numerosos líderes palestinos sin que hayan causado a otras víctimas civiles tanto familiares como del vecindario simplemente por encontrarse en el lugar del suceso. En la actualidad, el mundo recuerda el crimen occidental cometido hace más de 68 años y cierra sus ojos a lo que se comete a diario. Este hipócrita mundo que defendió y trabajó mucho para salvar a los judíos de la garra nazi, es el mismo que mira con los brazos cruzados como cómplice de actos terroristas a manos del ejército israelí y de los colonos Okupas protegidos por aquel.

Otras ejecuciones premeditadas, consideradas como limpieza étnica del territorio palestino conquistado después de la primera guerra árabe israelí que se catalogan en crímenes de guerra y lesa humanidad. Abra el enlace que figura a continuación para concienciarte del número de aldeas y pueblos palestinos borrados de la faz de tierra por Israel, sólo cliquea en la provincia determinada y aparecerán en detalles nombres de los pueblos en cuestión:  (http://www.aljazeera.net/NR/exeres/4C29AFF6-53A6-45F6-AA53-156CFC0CB365.htm )

La operación “Hiram”- T1 y T2[1]  que ejecutó Israel en 1948 a manos de su grupo terrorista Hagana (de donde nacería el 31 de mayo el ejército de “defensa” israelí, mejor merecería el calificativo ejército de “ataque”), para aterrorizar y matar a los palestinos que habitaban las aldeas de Galilea Alta, lindante con el Líbano, tenía el objetivo, a través de su plan del Transfer, de expulsar a sus habitantes y despojarles de sus tierras palestinas. Este acto es hoy día parte de la historia que siempre fue negada por Israel, que culpaba, por el contrario, a los dirigentes árabes de animarles a abandonar sus tierras, alegación que no convencería ni al más ingenuo, prometiéndoles volver triunfantes para “echar a los israelíes al mar”. Esta propaganda, lamentablemente, encontró sus creyentes en Occidente y quedó viva en la conciencia israelí hasta las últimas dos décadas del siglo pasado, cuando historiadores[2] de gran talla, como los judíos Beni Mouris, Norman Finklestein, Lily Pearsons, Eugene Rougen, Avi Shlaym o árabes como Abdallah el Tal, comenzaron a revisar la historia del conflicto árabe-israelí, especialmente, después de que el gobierno israelí hubiera dejado ver muchos documentos catalogados como secretos hasta entonces. Reeditaron dicha historia, no como lo desea la propaganda sionista, sino siguiendo el método científico utilizado en los países democráticos. (Estos datos están extraídos del libro “Deseos de poder”, Pablo NIK, edit. Lampedusa, octubre 2010).

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