Sentencia: Arafat fue asesinado.

Sentencia: Arafat fue asesinado.

“El periodismo es cruel. No por lo que dice sino por lo que calla. Por los rastros perdidos que abandona.” Lluis Bassets en su blog del pasado 9 de noviembre.

Las noticias sobresalen en los noticiarios televisivos y en la prensa escrita según interesen a determinados países o asociaciones y según el grado de implicación del medio informativo. Una de esas noticias fue el desenlace final del presidente palestino Yasser Arafat que se ignoró casi por completo. El día 11 de noviembre de 2004 la noticia más destacable fue: Arafat había fallecido tras dos semanas de estar ingresado por un deterioro repentino de su estado de salud en un hospital militar de Percy en Clamart cerca de Paris, Francia. Las acusaciones de su muerte rondan desde hacía mucho tiempo después que los médicos franceses que lo atendieron en sus últimos días dijeron que no podían establecer la causa de su fallecimiento.

Arafat nació en El Cairo, en donde pasa la mayor parte de su infancia y sus estudios universitarios de ingeniería. Fue ante todo palestino y dedicó toda su vida para la lucha a Palestina. Será en Kuwait, país en el que trabajaba, donde fundó al Fatah, Organización de Liberación de Palestina (OLP), con varios de compañeros, de los cuales muchos fueron eliminados posteriormente por la larga y asesina mano de Israel.

Pero en realidad todos entendimos que Arafat fue asesinado. Esto fue lo que concluimos todos, gente de a pie y los responsable palestinos. Faltarían las pruebas fehacientes que todo el mundo dejó a parte sin ordenar por no revolver los papeles. Una vez más el asesino se libera de la acusación y del castigo. A los nueve años, sin entrar en detalles del por qué fuera reabierto el caso Arafat, las noticias reafirman que la muerte del histórico líder palestino se pudo deber a un envenenamiento con polonio 210, una sustancia altamente radiactiva encontrada en sus objetos personales, según un análisis realizado por un equipo de prestigiosos científicos e investigadores del Instituto de Radiofísica del Hospital Universitario de Lausana (Suiza). El hecho de que en este equipo no se encontrara ningún forense no impide que el caso no tenga implicaciones criminales y el deber de iniciar las investigaciones como las que están en curso por el cruel magnicidio del presidente de Líbano, Rafiq el Hariri. En nada deben diferenciarse un caso del otro. Uno fue eliminado de la escena política de forma terrorista al explotar un camión cargado de explosivos al pasar su comitiva por Beirut, con el único objetivo de volver a dividir a la sociedad libanesa, y el otro eliminado de forma conspirativa y no menos asesina. Ahora se confirma que el presidente fue asesinado, y la sustancia causante de su muerte es el polonio 210, sustancia radioactiva encontrada exclusivamente en países con instalaciones de centrales nucleares y capacidad de enriquecimiento del uranio para su uso posterior como material de la bomba nuclear. Entre estos países se hallan los EE UU, Francia, China, India, Pakistán e Israel.

El polonio 210, que se encuentra de modo natural en la atmósfera y especialmente en la planta del tabaco, puede también fabricarse de manera artificial. Su radiación no es maligna en el exterior del cuerpo, pero puede ser mortal si penetra en el interior, bien porque es ingerido, inyectado o porque entra en contacto con una herida. La pregunta necesaria sería:¿cómo pudo conseguirse este material dentro de Israel que controla de forma férrea el paso por sus frontera y en todo el territorio bajo ocupación? ¿No sería lógico que este material radiactivo se dispusiera de ello al encontrarse dentro Israel?

Por supuesto más de un dedo señala a este último como el único responsable. Ya que donde se encontraba detenido Arafat en AL Muqataá es un territorio palestino bajo ocupación y un control férreo de salida y entrada de cualquier persona. Veamos cómo se portaron los israelíes tras la hospitalización de Arafat en aquel centro sanitario:

Al conocerse la noticia de su ingreso en el hospital francés, el canciller israelí Sylvan Shalom dijo que su país sigue de cerca la evolución de Arafat y se prepara para el día siguiente de su muerte. O sea ya tenía como más que confirmada la próxima muerte del presidente. Igualmente el actual presidente israelí Simón Peres declaró al New york Times que “Israel no por qué asesinar a Arafat” según Alquds  Alarabi, 7 noviembre 2013. Años más tarde, con la sociedad Sharon-Peres, a partir del 2001 y a raíz del cerco a la Muqata y la muerte de Arafat declararon:

Hanna Kristine Kvanmo, miembro activa del Comité Nobel de la Paz: «Desearía que fuese posible que pudiéramos retirar el premio… Lo que está ocurriendo hoy en Palestina es grotesco e increíble. Peres es responsable, en tanto que miembro del gobierno. Ha expresado su acuerdo con el primer ministro Ariel Sharon. Si no hubiera estado de acuerdo con Sharon habría debido retirarse del gobierno» (Agencias, Oslo, Noruega, 10 de abril de 2002).

El presidente del Comité Nobel, Geir Lundestad, fue categórico: «Un galardonado con premio Nobel de la Paz muerto por las acciones de otro galardonado» (BBC Mundo, 5 de abril de 2002). Ésta se basa en la intención manifestada abiertamente por el Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, de eliminar a Yasser Arafat. En la primavera de 2002, el general Sharon lanzó una nueva amenaza. Sólo la promesa que debió hacer al presidente George W. Bush le impedía llevarla a la práctica. Durante el año nuevo judío de 2004, el Primer Ministro insistía: «Arafat será expulsado de los territorios». ¿Expulsado o asesinado? Sharon recordó que Israel había asesinado al jeque Ahmed Yassin, jefe espiritual de Hamás, luego a su sucesor Abdel Aziz Rantisi. ¿Existe alguna diferencia entre Arafat, Yassin y Rantisi? Respuesta: «No veo ninguna. Así como actuamos contra esos asesinos, actuaremos contra Arafat» (Yediot Aharonot, Tel Aviv, 14 de septiembre de 2004).
En la Muqata habían tomado en serio esas declaraciones, más aún cuando la unidad de élite del ejército israelí, la Sayeret Matkal, se entrenaba para un eventual asalto al cuartel general de Arafat y, llegado el caso, para asesinarlo. El general Sharon incluso habría asistido a una de esas prácticas. Y nadie ignoraba cuánto lamentaba haber «dejado escapar» a Arafat durante el sitio de Beirut en 1982. El ministro de Defensa Shaul Mofaz y el ministro de Relaciones Exteriores Sylvan Shalom preconizaban también su asesinato. Y el corresponsal militar del segundo canal de televisión, Rony Daniel, describía a Arafat como «un muerto que camina»…

Un portavoz del gobierno israelí aseguró el fin de Arafat y determinó el necesario rol de la división del frente interno palestino al afirmar que: «Los planes del Gobierno de Ariel Sharon ya se han comunicado a Estados Unidos. Si Arafat continúa minando a Mahmud Abbas (actual presidente) reconsideraremos su localización y su inmunidad» (El Mundo, España, 13 de julio de 2003).
Los cómplices de Sharon fueron Simon Peres, el cual ni siquiera expresó sus condolencias por la muerte de una persona a quien tanta veces estrechó su mano, Shaul Mofaz y Ehud Olmert.

“Simon Peres, que se unió al gobierno de Sharon sirviéndolo con lealtad, diseminando por el mundo el mito de que Sharon (el responsable de la matanza de palestinos en Sabra y Shatyla) es un hombre de paz, abriéndole el camino en Washington y apadrinando todas sus atrocidades: los asesinatos selectivos, la demolición de casas, la ampliación frenética de las colonias, es, según mi criterio, el personaje más siniestro en la historia del sionismo. Simon Peres tiene la mayor parte de la responsabilidad en la creación y consolidación de los crímenes de Israel. No se opone ni se opuso al asesinato de líderes palestinos. No se opuso a la «desaparición» de Arafat. No se opone a la demolición de casas.” Carles Acózar.

O sea, después de citar unas pocas pero entre numerosas declaraciones, las intenciones israelíes de eliminar a Arafat son más que fundadas.

Por otra parte, Arafat al negarse firmar las condiciones de paz entre él y Yihud Barak según los acuerdos de Camp David durante el último año de presidencia de Bill Clinton, dejó de ser un socio aceptado por Israel y fiable para hacer la paz según la versión israelí. Tel Aviv lo consideró un obstáculo para esa paz, como si esta fuera un sagrado y defendible objetivo de Israel. ¡Insolente paradoja! Arafat durante su cerco en al Muqataá atraía a organizaciones mundiales y a activistas pro derechos palestinos más que cuando estuvo moviéndose libremente. Sus informes y declaraciones descubrían las innumerables violaciones y crímenes israelíes.

¿Se puede acusar a las autoridades francesas como cómplices en tapar el resultado o entorpecer las investigaciones del equipo médico encargado del cuidado de Arafat? Es posible que el equipo tuviera entre sus manos algún indicio fundamentado que hiciera sospechar de algo anormal dado el acelerado deterioro letal de su enfermedad catalogada como gastroenteritis y de trastornos de coagulación sanguínea. Síntomas similares al caso del exespía ruso Alexander Litvinenko,, que pudo colaborar con el MI6 y la inteligencia española, según relataron algún tiempo después en Londres dos abogados en una audiencia previa a la investigación judicial del caso y que Rusia estuvo vinculada con su muerte por envenenamiento en 2006 con el polonio 210. Es evidente en medicina que estos síntomas no causarían la muerte del individuo y menos en tan corto tiempo, si no fueran causadas por un agente con dañina acción continua e irreversible. Entonces ¿fueron los franceses cómplices con la administración estadounidense y el gobierno israelí? Pretendieron mantener la acusación alejada contra Israel y cuidar su reputación limpia de toda sospecha?

¿Por qué no fue indicada la autopsia del cuerpo de Arafat tras tener los indicios de su muerte repentina y al no tener un curso habitual?  Se sabe que la viuda de Arafat se negó a que practicaran la autopsia de ley al líder palestino. También podría estar en desacuerdo que es su derecho, pero Arafat fue un personaje público que luchaba por la restauración de los usurpados derechos de su pueblo. ¿Fue mal asesorada? Y ¿por quién? ¿Por qué fueron destruidas todas las muestras de sangre y orina que habían sido obtenidas y utilizadas para los análisis?

¿No parece lógico ahora, tras este anuncio de la muerte de Arafat fuera causada por envenenamiento, que se inicie una investigación auspiciada por el Tribunal Penal Internacional y defendida por los gobiernos árabes y más que nadie por la Autoridad Palestina?

¿Por qué toda sospecha de implicación contra Israel es abortada, máxime si se sabe que acarreará graves consecuencias contra sus políticos y militares?

Pues no vale que la AP amenace a Israel de llevar sus crímenes ante este tribunal, debe hacerlo sin detenimiento, para descubrir las innumerables violaciones de los derechos del pueblo palestino desde hace casi un siglo. Si la AP no acude a presentar las acusaciones, debe de ser el mundo que ostenta defender la democracia y los derechos humanos.

 

 

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