Siria Ginebra II, el juego de las naciones

¿Está condenado al fracaso el encuentro de mañana de Ginebra II?

¿Se allanará el camino para el encuentro de aquellos que más han pagado de su vida y sangre, para llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto? ¿Dejarán los llamados aliados, más bien interesados, de  una parte como de la otra, a dejar solos a los sirios resolver sus problemas, elegir a su presidente y aplicar las reformas que entendimos fueran aplicadas por el régimen al inicio de las protestas pacíficas?

No cabe duda de quién siga los preparativos y las convocaciones de quién debe o conviene asistir o no, llegamos a la conclusión que en Ginebra no se cumplirán los sueños de mucha gente. Esto es el nuevo juego de las naciones cuyos intereses son opuestos al pueblo sirio.

¿Habrá un acuerdo para resolver el conflicto en Siria? Pocos creen en ello. El encuentro Ginebra I fue para evitar el desastre al que ha llegado la actual escena bélica de destrucción, muertes y desplazamiento de ciudadanos. Y al principio, los EE UU y sus aliados en la región exigieron el alejamiento del presidente Asad, repartir el poder y sin olvidar la división el país. El viento no sopló como lo quisieron los pro derrocamiento del régimen en Damasco, porque el curso de los acontecimientos después de tres años de continua guerra no consiguió acercar aquellos deseos a la realidad, sino todo lo contrario, aparecieron nuevos jugadores financiados, lamentablemente, por países árabes y armados directa e indirectamente por EE UU, Israel, y Turquía con la excusa que Irán como Hezbolla están apoyando al régimen. ¡Hipócritas alegaciones! Resultado de aquella vista corta de la política y el desconocimiento del tejido social sirio ha llevado a los EE UU y a sus aliados a la decepción. Simplemente su plan en derrocar al régimen y apartar al presidente Asad ha fracasado. Ahora han reconocido el engaño que envolvía su corta vista para cambiar el mapa geoestratégico de la región, siempre para salvar la seguridad de Israel.

¿De verdad esperamos algún acuerdo aunque, por lo menos sea para frenar ese derramamiento innecesario de sangre a manos de milicia procedente de más de cuarenta países, que en este momento no se rigen por órdenes de ninguna potencia mundial? ¿Cómo esperamos de estos radicales fanáticos dejen las armas, si primero no están siquiera convocadas para la reunión en Ginebra?  

El horizonte de la crisis lamentablemente sigue muy oscuro. No creo que progresemos un ápice hacia la reconciliación ciudadana siria.  El pesimismo reina en la región desde Irak, Líbano, Yemen y Turquía.

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