Reflexiones sobre la Coalición Internacional I

¿Surtirán efecto los ataques de la Coalición Internacional?
Mucha hipocresía y a la vez mucha culpabilidad
El Estado Islámico (EI) inicialmente llamado Estado Islámico en Irak y Siria, ISIS en las siglas de inglés, aparece como consecuencia del fallo político en la región y especialmente en Irak como secuela de la caída de Saddam Hussein y de la ocupación norteamericana y la deliberada desarticulación del ejército iraquí y las demás instituciones estatales del soberano país. En la red de internet abundan las fotos del senador republicano McCain con el califa Abu Baker al Bagdadí y este fue entrenado por el Mossad durante varios años, según Edward Corrigan, fiscal en defensa de los DD HH. Este radical cambio favoreció la aparición de los movimientos rebeldes, las disputas y guerras sectarias alentadas unas veces por Irán y otras como represalias de los recién introducidos integrantes de AlQaeda lo que favoreció finalmente la entrega del país tras la retirada de los marines, señal del fracaso rotundo de la agresión, al enemigo eterno de los EE UU, Irán. De nuevo se profundizó aún más la marginación de la mayoría de los ciudadanos suníes y kurdos y su exclusión de los puestos fundamentales del estado. En Irak se concentraron milicias de Al Qaeda donde encontraron refugio en territorio sirio y muchas veces la protección de ese estado. ¿Quién no advirtió de las nefastas consecuencias de la ocupación de ese país?
Mientras tengamos esa clase de gobernantes árabes los EE UU encontrarán siempre la oportunidad de inmiscuirse en sus asuntos internos. Los EE UU, de una forma u otra ayudó a la creación del EI. Demostró su beneplácito a los mayores aliados en la región que ellos sí que crearon este peculiar fenómeno, y ahora reaccionan en su contra porque las actuaciones del EI no respetaron las líneas rojas que les puso Washington: respetar la zona del Kurdistán Iraquí productora del petróleo. No debemos olvidar tampoco el respaldo de EE UU al levantamiento de los Hermanos Musulmanes durante la mal llamada primavera árabe en Egipto, que es otro cantar en la inmersión de Washington en todo este caos.
Los EE UU también apoyó a la oposición siria contra el régimen de Al Asad fundando la coalición de los Amigo del Pueblo Sirio, o el Consejo de Estambul, y nombrando presidentes y cambiando nombres según interesaba el momento. Estos personajes llevan el que menos 35 años viviendo fuera de Siria, iniciando su vida en el extranjero como estudiantes de carreras universitarias o empresarios que han heredado grandes fortunas. ¿Qué clase de oposición es esta? EE UU Se alió a los rebeldes, a quienes llamó la oposición moderada, contra el régimen y facilitó la logística a los mercenarios financiados por sus tradicionales aliados como Arabia Saudí, Kuwait y Qatar. Así mismo facilitó su infiltración desde territorio de otro aliado de la OTAN a través de la frontera turco-siria. Su gran aliado en la región Israel recibe a los heridos de parte de esa oposición y los trata en sus hospitales. ¿No refleja este gesto la implicación directa del estado sionista en este conflicto?
El pasado día 16 el general Martin Dempsey, presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estado Unidos declaró ante una comisión del Senado que “no conoce ningún aliado que comparta la ideología de ISIS, (Estado Islámico en Irak y Siria) pero sí reconocidos aliados de los EE UU que financian este estado.” Recordemos también las declaraciones de la señora Hilary Clinton cuando afirmó de estar EE UU detrás del proyecto de este controlado caos.
Entonces se impone una acertada pregunta si de verdad queremos acabar con el EI y sus deshumanas decapitaciones y de demás barbarie: ¿No sería más rentable presionar sobre estos aliados que financian y facilitan toda clase de apoyo y ostentan ahora luchar contra él? ¡Pura hipocresía!
La Coalición de Obama o Internacional al conseguir reunir cincuenta países, no es la solución radical al creciente terrorismo regional de integrantes en su mayoría no nativos, mientras se procure ocultar la raíz del desastre original en el Mundo Árabe, el conflicto palestino. El terrorismo global (Afganistán, Siria, Libia, Irak, Mali, Nigeria Yemen Argelia), que aún no hay consenso sobre su definición, surge en Oriente tras la guerra “cruzada de Bush junior contra el terrorismo del AlQaeda en Afganistán, y acto seguido la invasión de Irak al alegar falazmente su conexión con Al Qaeda y su fabricada posesión de las ADM. Es verdad que a Irak se trasladaron los integrantes de AlQaeda para enfrentarse al enemigo norteamericano. En este país se juntaron objetivos de la resistencia con los de los radicales islámicos: un enemigo común, el ocupante norteamericano.
Ahora bien, desde el inicio de la primavera, o mejor dicho el invierno árabe, el terrorismo toma otro matiz a raíz de obstaculizarse todo camino político hacia los torrentes del cambio social, el desarrollo, la igualdad, la justicia y la libertad, emergidas espontáneamente tras la muerte de Bu Azizi en Túnez. Pero este cambio no entra en la agenda admitida occidentalmente para la región, una estrategia aplicada prácticamente desde el 1907 tras el informe Campbell Bannerman. Tampoco está consentida por los retrógrados gobiernos árabes, llamados interesadamente moderados, que por el contrario son más bien represivos y respaldados durante décadas por occidente. Simplemente porque todo levantamiento verdadero y libre de las sociedades árabes no puede tener luz, porque va en contra de la ideología de la clase gobernante. Así que ese intento de la primavera hacia el cambio fue brutalmente respondido con la represión en su cuna popular y social. Por otro lado a occidente tampoco le agrada fundamentalmente este cambio porque le haría perder el mejor mercado para los productos de su industria militar. No acepta perder los ingresos anuales en miles de millones de dólares gracias a la modernización continuada de arsenales militares en Arabia Saudí y demás países del Golfo. Es obvio que el tan inmenso arsenal habría que primero destruirlo para poderlo renovar. Por esto se provocan las guerras regionales cada vez que hayan fracasado los ocultos planes occidentales de abortar cualesquier intentos de progreso árabe. Los EE UU, en este supuesto caso, perderá su principal objetivo porque pide de los países regional defender sus propios intereses sin que sus gobernantes hagan alusión alguna sobre cuestión principal, la ocupación israelí de Palestina. EE UU tiene el poder de torpedear todo intento en el Consejo de Seguridad al vetar resoluciones contra la arrogancia sionista lo que deja un guiño a la entidad sionista para seguir con sus continuas agresiones contra Gaza y en el resto de Palestina Ocupada y chantajeando para marginar a la Autoridad Palestina prácticamente desde hace más de veinte años, (Los Acuerdos de Oslo).
La opinión dominante en la región es que el mundo árabe está ante un Sykes Picot II que anhela sin descanso para dividir lo dividido, desarticular las sociedades y pueblos, destruir lo conseguido de instituciones estatales para, lo contrario, favorecer el ascenso del sectarismo religioso a manos de descerebrados que aún se creen vivir en el siglo XIV al estilo de los integrante del EI y así mantenerlo en el subdesarrollo y la perdición.
Por otro lado, Los EE UU ayudó directa e indirectamente a los desesperados jóvenes árabes a rebelarse gracias tras obligar a los distintos gobiernos para reorientar los planes de estudios de tal manera que fomentaran todo este radicalismo en la región, con el consentimiento de los dictadores y autoritarios líderes árabes interesados solo en conservar sus sillas. Sí, aunque parezca tan extraña e increíble noticia, pues parece tener mucha credibilidad en la crítica de varios partidos de la izquierda en varios países árabes.
No faltan las acusaciones entre casi toda clase de medios de información de la región contra los EE UU e Israel de estar detrás de este fenómeno peculiar político, moral e inhumano que está destruyendo deshumanamente la civilización. Algunos países árabes contribuyeron también a la aparición del EI, no lo podemos negar. Recurrieron a toda clase de conspiración con su afán de derrocar al régimen de Al Asad en Siria y proporcionaron elementos yihadistas, delincuentes que fueron antiguos encarcelados, los liberaron con la condición de luchar en Siria. La provisión de su entrenamiento y la financiación de su inicial equipamiento armado fueron generosamente otorgadas por esos aliados.
Tampoco podemos ignorar el rol desempeñado en Irak por el otro jugador bien presente, Irán que en busca de obligar a occidente a levantar el embargo comercial, económico y financiero recurre a la incitación sectaria entre chiitas y suníes con lo cual solo se consigue, igual que la barbarie del EI, el sufrimiento del ciudadanos árabe iraquí, por un lado, y la amenaza de los países del Golfo y Arabia Saudí en segundo lugar. Es su postura de imponerse como una potencia resurgente en la región ante los nuevos desafíos acontecidos a raíz de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la URSS y alentada por una indefinida e ineficaz política de los árabes.

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