Cambio Generacional dentro de la familia real saudí

Cambio generacional dentro de la familia de Ben Saud

Es verdad que el nuevo rey de la familia Saudí ha introducido trascendentales cambios en la línea sucesoria al trono. El nuevo relevo se produjo a finales de abril cuando el actual rey Salmán de 79 años, aprobó la destitución del recién nombrado príncipe heredero, Meqrin, de 69 años siendo el menor de los hijos legítimos del rey Saud a favor del nuevo príncipe heredero, Mohamed bin Nayef, de 55 años, Nayef como Sultán, ambos hijos de Abdul Aziz, fallecieron antes de que les llegara el turno de trono. Tres frentes condicionaron siempre la política de la familia saudí.

Primero, lo que no se sabe si esto es un cambio a favor de la juventud caracterizada por su ímpetu agresivo hacia el corazón del nacionalismo árabe (lo demostró el reino saudí en su enfrentamiento contra Nasser los años sesenta del siglo pasado y curiosamente también en Yemen, y la consecuente derrota árabe en la guerra de los seis días cuya culpa se achacó a la intervención egipcia como la causa principal de desviar su fuerza militar alejándola de la misión principal que debía ser contra Israel, el enemigo común de los árabes). El nacionalismo árabe es sin lugar a duda el enemigo del wahabismo desde principios del siglo pasado cuando Abdul Aziz inició su lucha por reunir a las distintas tribus de la Península bajo su mando.

Segundo, y al mismo tiempo el Wahabismo sigue siendo un enemigo acérrimo de Irán desde la revolución islámica de los ayatolas en 1979.

Y tercero, quizá sea este cambio en la sucesión monárquica para dar una imagen de cambio que acallará las voces críticas de los mismos aliados occidentales de los saudís.

La primera supuesta lo explica la implicación del reino en el conflicto sirio patrocinando al terrorismo religioso y reunido a miles de mercenarios yihadistas de todas las partes del mundo cambiando su juego político como lo fue el apoyo y su retirada de los hermanos musulmanes en Egipto.

La segunda, quizás lo explique el nuevo frente en Yemen, guerra abierta contra los Huthi apoyados por Irán después de claudicar la intervención saudí en extremis en su apoyo de la oposición armada, anteriormente conocida como grupos terroristas en particular Al Nusra , en  el frente sirio. Esta sucia guerra contra el país árabe más pobre y de los veinte a nivel mundial está favoreciendo el ascenso y el fortalecimiento de AL Qaeda en este país destruido de por sí.

Y por último, la familia saudí está enfrentándose a un desafío existencial. Sus aliados occidentales tienen que apoyar ante sus ciudadanos, si esto importara de verdad, su asentimiento a la continuidad de su reinado (de tipo autoritario peculiar). Quizás este cambio generacional ablandezca las críticas de ciertas instituciones occidentales. El mismo efecto se obtendrá gracias a las extorsiones ejercidas muy hábilmente para venderles nuevos armamentos con decenas de miles de millones.

La política saudí se basa en la compra del silencio de los gobiernos árabes con sustanciosas ayudas económicas y el de occidente con el apoyo de su industria.

Arabia y países formadores del Consejo Cooperación del Golfo, son el mayor mercado de consumo de productos militares entre muchas otras mercancías.

Para mantenerse a flote en este nuevo cambio que desató la roja primavera árabe, la familia real saudí tiene que complacer a los aliados antes de enseñar la espada en cara de los enemigos.

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