El Mal del mundo Árabe

El mal del mundo árabe

El islamismo como antidemocrático es una realidad, su prueba es más que evidente en la trayectoria de la mal llamada primavera árabe. Como lo fue todo régimen patrocinado por la religión a lo largo de la historia. El islamismo es incompatible a toda ideología que conduzca al mundo, en este caso el árabe, a una etapa política y a una forma de vida digna de llevar a su población hacia un bienestar y un sistema político civil. El islamismo no representa a una nación, ya que para muchos islamistas, si no a la vasta mayoría, el islam no tiene fronteras y deja lamentablemente al nacionalismo en segundo puesto e inoperante, si no como un rival perseguido. La prueba la tenemos en las distintas agrupaciones que forman a los armados de Daesh, Jabhat Al Nusra o Jaish al Islam. Les importa un musulmán de otro país más que a los propios ciudadanos pero que profesan otra religión.

El nacionalismo árabe que resurgió a raíz de la caída del imperio otomano fue liderado al principio por partidos políticos nacionalistas que en seguido fueron metidos bajo la umbrela de los movimientos de liberación posterior a la Segunda GM. Recordemos el papel que desempeñaron Francia y Gran Bretaña cuando establecieron su mandato colonial sobre la herencia de este imperio enfermo y debilitado, y que fueron secuestrados por los militares, además de facilitar la creación de la entidad sionista en Palestina. Siria y Argentina formaron los dos países que más golpes de estado hayan sufrido en la segunda mitad del siglo pasado. Esto fue bien recibido por occidente, el primer golpe de estado protagonizado por Husní el Zaim en Siria el 11 de abril de 1949 fue apoyado y patrocinado por la CIA. Igual pasó en Irán contra Mussadaq en 1953.

Es importante saber que el mundo árabe le queda aun muchos años de batallas internas para entender lo que la democracia podría ofrecer. Hace falta tres o más futuras generaciones con enseñanzas distintas a las actuales que han dejado a la gente rehenes en manos del clero más regresivo y ignorante como el peor enemigo del estado. Generaciones que deberían sacudir el polvo arcaico salafista y lavarse de todo fanatismo religioso fundado por el wahabismo gracias a su riqueza petrolera que le ha permitido extenderse más allá de las fronteras del país que forma su cuna, Arabia Saudí, que también fue por una parte contra el nacionalismo árabe, cuya cuna fue Bilad El Sham ( la Siria natural que formó el Líbano, Palestina, Jordania y Siria) y siendo Siria su corazón, y por otra en contra de los Hashimitas del Hijaz a principios del siglo pasado en otra y contra su intento de formar un reino árabe en Bilad El Sham .

¿Podrá el mundo árabe liberarse de su mal interno como de las influencias interesadas externas? Lo dudo mucho. Y el mundo árabe jamás ha sido dueño de sí mismo desde las conquistas del islam catorce siglos atrás.  Una revolución sin clara ideología está siempre condenada al fracaso.

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