¿Crisis de los refugiados o crisis europea?

¿Crisis de los refugiados o crisis europea?

 

No cabe duda de que el “acuerdo de vergüenza” entre la Comunidad Europea y Turquía respecto a los refugiados que buscan su seguridad en Europa ha levantado todo tipo de discrepancias de opiniones y rumores sobre ruptura de varios acuerdos entre los integrante 27 países.

 

Según el ministro de exteriores español el señor Margallo en su aseveración ante la prensa hace dos días afirmaba que “el día 7 de marzo no hubo un acuerdo, hubo una declaración en la que se tomaba nota de las sugerencia turcas…, y si hubiese un acuerdo sería contrario a la legalidad internacional…” algo que discrepa con declaraciones del presidente en funciones, el señor Rajoy justo en el jueves pasado a la salida de la reunión de los mandatarios europeos.

 

Es cierto que no era un acuerdo final, pues se trató de una “declaración”, y no de unas “conclusiones”, que es el formato legal habitual en los Consejos Europeos.

Es bueno que España condene la expulsión colectiva de los refugiados. Y esperamos se mantenga esta postura el próximo jueves al concluir la decisión europea en Bruselas. Tal como se huele por los gestos, se percibe un posible acuerdo con Turquía que sería contrario al alma fundacional del espíritu europeo que es entre otros como el deber básico de acogida a los refugiados. Sería una vergüenza el declinarse y cederse ante las peticiones de Turquía que extorsiona por un lado y, por el otro, un gesto ineficiente para calmar a los populistas y fascista de extrema derecha cuya tendencia la percibimos en el resultado de las últimas votaciones germanas, que ha sido todo lo contrario al estimular más a la xenofobia de la extrema derecha.

 

¿Estamos ante una Tercera Guarra Mundial, como cuando su Santidad el Papa Francisco expresó su temor en varios encuentros suyos desde septiembre de 2014?

Sabemos que esa guerra no tiene que ser como las anteriores con bombazos a nivel  mundial, sino será de otros tipos cuyos ensayos se están llevando a cabo desde hace tiempo. Estas guerras serán del tipo geopolítico, o a través de embargos y sanciones comerciales y financieras (Rusia, Irán Corea del Norte), incluso guerras monetarias tal como escenifica en su publicación en 2011 “Currency War” el escritor James Richardson, y por último la guerra de migraciones, como se está ensayando actualmente con los refugiados sirios, afganos o iraquíes. Estos serán los campos de batallas del futuro. En septiembre de 2015 la UE tenía sobre la mesa una decisión firme para redistribuir a 120.000 personas en el plazo de dos años. Para hacerla posible, el texto había perdido ambición y, pese a todo, recibió el voto contrario de Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumanía. A España le tocó 15 mil individuos. En realidad este número resulta ser muy ridículo al compararlo con el número total de solo sirios (680.000), que acoge Jordania, un país con mucho menos posibilidades de presupuesto y riquezas.

 

Resulta difícil no creer que la gran mayoría de los pueblos estén a favor que todo refugiado que llegue a Europa debe tener un trato individual, pueda presentar una solicitud de asilo que se estudia y se resolverá siguiendo los trámites legales. Lo legal que estos trámites no deben ser distintos de un país que en otro. Ahora como pretenden algunos gobiernos, el turco incluido, frenar la salida de su territorio y forzar el retorno de todos aquellos que quedaron colgados en tierras de nadie. En el limbo jurisdiccional, como unos espacios virtuales pegados a las fronteras virtuales y cuyos controles resurgieron de repente por primera vez desde la entrada en vigor del famoso tratado de la libertad de circulación entre países del espacio Schengen.

 

Lo que estamos viviendo ahora es una descarada operación de comercializar con los derechos básicos de seres necesitados de nuestro apoyo y asistencia. Un acuerdo de vergüenza y de la forma más competitiva posible, o sea, hay quien esta dispuesto a pagar más para acoger al número menor posible. Pues el dinero que pagan los refugiados (algunos hasta 10.000 euros) y que están ganando ahora las mafias dueñas de las barquitas de goma, lo pagará la CE al gobierno turco bajo chantaje, a cambio de forzar el retorno de aquello que quedaron colgados en su exudo, el mayor desde la IIGM, antes de alcanzar un refugio seguro donde pueda salvar sus derechos. Europa quiere cerrar sus fronteras con el ridículo precio de 6 mil millones de euros (30 monedas de Judas), para comprometerse a acomodar a 2.5 millones de sirios. Para ello también se promete la intervención de las fuerzas de la OTAN para actuar como policías de paso y a atrapar a los desfavorecidos para devolverles a Turquía. Es la extorsión de gobierno de este último país. Además de ese precio también pide algo más a cambio en forma de condiciones algo humillantes, volver a activar su petición de miembro en la unión y exigir  la libre circulación de sus ciudadanos sin visados. Europa sabe, y los miembros más férreos a nuestra democracia son los que ahora aceptan vulnerarla aceptando a un posible miembro a pesar de su negro historial de persecución de opositores, violación de libertades y olvidando las 72 condiciones a cumplir por Turquía para su admisión en la zarandeada unión.

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