Dilemas del sionismo

Los dilemas sionistas

 

Entidad sionista versus estado de Israel.

El derecho divino de los judíos sobre la tierra prometida versus el proyecto sionista.

El conflicto árabe sionista versus el conflicto palestino judío.

Para empezar es un deber recordar algunas verdades sobre el actual Israel y si podemos catalogar al fenómeno de los colonos en tierra ocupadas se consideran el núcleo del proyecto nacional.

¿Cómo se define una nación?

Nación: es el conjunto de una agrupación humana bien integrada y consciente de su identidad y pasado común, que comparten una cultura accesible a todos y un idioma común, con igualdad de derechos civiles y que vivan en un territorio al cual pertenecen como propietarios legítimos y están dispuestos a defender. 

Las revisiones cronológicas realizadas por historiadores gentiles, incluso judíos no sionistas, son tan importantes y decisivas a la hora de debilitar las alegaciones sionistas sobre los derechos tradicionales de su “nación judía” según el historiador judío Shlomo Sand en su obra “La invención del pueblo judío”. Edit. Akal.

Primero: Israel es el producto de una conspiración dirigida desde hace más de un siglo a mano del sionismo internacional.

La creación de esa “nación” ha sido un romántico atractivo entre algunos historiadores protosionistas del siglo XIX y principios del siguiente como el germano Heinrich Graetz, el bielorruso Simón Dubnow (ambos de educación rabínica), y el norteamericano Salo Wittmayer Baron. Ellos encontraron en el exilio “forzado” un fenómeno y un vínculo para tejer una historia orgánica del supuesto pueblo errante, ese “pueblo” que jamás había demostrado un verdadero deseo para volver a su tierra natal hasta finales del siglo XIX y concretamente después de la aparición del padre del sionismo, el húngaro Theodor Hertzl. Aunque estos quisieron hacernos entender el derecho divino de los judíos, sin embargo han sido contestados de forma académica por otros historiadores, también de renombre internacional, como el historiador y politólogo alemán catedrático de la universidad de Berlín Heinrich Treitschke o, su compatriota el teólogo protestante Julius Wellhausen, y últimamente por el historiador Sand, negándoles tal derecho a unos judíos de diversa nacionalidad y procedencia racial.

“Los historiadores judíos desde Graetz pasando por Benzion Dinur del siglo XX, así como los historiadores israelíes hicieron del reino de David y Salomón la gloriosa edad de oro de la historia judía… Todos los futuros modelos políticos se alimentaban de este desdichado del pasado bíblico y sacaron de él imaginaría, conceptualización y euforia intelectual” (Schlomo Sand). Por ejemplo, ¿cómo era posible contar alabanzas al fundador del reino David, y a la vez describirlo como pecador castigado por un superior ser divino? Nimk4920

Las obras basadas en hechos científicos y académicos de los historiadores y desde tiempos de Benedictus (Baruch) Spinoza en el siglo XVII, siendo excomulgado del judaísmo y condenado públicamente y expulsado de la comunidad judía holandesa por su librepensamiento que atrevió a enunciar:

“Los sagrados Libros no fueron escritos  por un solo autor ni para el vulgo de una misma época, sino por numerosísimos hombres, de diferentes épocas y temperamentos, hasta el punto que, si se computan todos, abarcarán casi dos mil años o quizá muchos más […] La Escritura consta de diversos libros y […] fue redactada en épocas distintas y para hombres diversos y […] por diversos autores.”  Y acierta aún más cuando argumenta:

“…hemos dicho que el único objeto de la Escritura era enseñar la obediencia. Esto nadie lo puede discutir. ¿Quién no ve […] que uno y otro Testamento no son otra cosa que una doctrina de obediencia y que tan sólo intentan que los hombres obedezcan de corazón? Pues […] Moisés no procuró convencer a los israelitas por la razón, sino obligarlos con la alianza, juramentos y beneficios y, después, amenazó al pueblo con penas y lo exhortó con premios para que obedeciera a las leyes […] Por su parte, la doctrina evangélica no contiene nada más que la simple fe, es decir, creer a Dios y reverenciarlo o, lo que es lo mismo, obedecerle. […] la fe no exige tanto la verdad cuanto la piedad y sólo es piadosa o salvífica en razón de la obediencia, y… por consiguiente, nadie es fiel más que por la obediencia.” Tratado teológico – político, Baruch Spinoza, Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1986.

“La excomunión o jérem (crimen)[1] de Spinoza, su condena y expulsión tenían también la misión de tranquilizar a los calvinistas holandeses, a la sociedad cristiana, mostrando que la comunidad judía no toleraba herejías ni elementos ateos y radicales, que la comunidad judía sabía ejercer su propia policía y mantener el orden y no daba motivos de preocupación a la sociedad holandesa en cuyo seno y por cuya tolerancia vivía.”  Los judíos, Jesús Mosterín, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2006.

En realidad desde tiempos de Spinoza ha habido un continuo debate sobre la identidad de los autores de la Biblia sin haber arrojado alguna certeza sobre este hecho siendo la mayor parte de los relatos sin fundamento ni hechos convincentes. Otra concluyente teoría es la de la escuela de Copenhague Sheffield, de Thomas Thompson que propone que la Biblia es una gran biblioteca escrita y revisada a los largo de tres siglos como una constancia literaria con fines educativos. Esto mismo condujo a que el Antiguo Testamento, al ser escrito por varios autores y posteriormente editado y revisado por otros tantos, no estuviese exento de notables contradicciones.

Entre estas está la pureza del pueblo judío de la que se presume tanto el sionismo, pero sin tener en cuenta que Abraham, Isaac, José, Moisés, David y Salomón fueran amantes de mujeres gentiles con quienes se habían casado sin haberlas exigido la conversión. Otro interesante punto sería ignorar deliberadamente el fenómeno de conversión mediante la subyugación de varios pueblos cananeos, como los edomitas que eran de ascendencia fenicia y asiria, o como los itureos, pueblo ismaelita que habitó Galilea y el sur del Líbano. Muchos pueblos de la cuenca del Mediterráneo se convirtieron, desde el norte de África hasta la Península Ibérica. Después de la expansión de Roma el 7% de la población de su Imperio profesaban el judaísmo. Este dejó de aplicarse a los hebreos de Judea, presumiblemente desperdigados por el mundo, para ser una elección de forma de vida para los otros pueblos. Así lo confirman dos teólogos del inicio de la era cristiana después del siglo III, Dion Casio y Orígenes. En realidad en ese tiempo todavía no había distinción clara entre judíos y cristiano. “Se trataba de una expansión judeocristiana no diferenciada”. De hecho Herodes era un edomita. El apóstol san Pablo tuvo un discípulo hijo de una mujer judía y de padre griego (Hechos 16:1). “No hay judíos ni griegos, no hay esclavos ni hombres libres, no hay hombres ni mujeres: vosotros todos sois una en Cristo Jesús. Y, si vosotros sois de Cristo, entonces sois de la semienta de Abraham y sus herederos de acuerdo con la promesa” (Gal. 3: 38-2ª) 

Por otra parte Paul Wexler sostiene en su libro The Jewish Origin of the Sephardic Jews que “los judíos sefardíes son principalmente descendientes de árabes, bereberes y europeos”. Que se convirtieron al judaísmo en el periodo comprendido entre el auge de las primeras comunidades judías en Asia occidental, África del Norte y Europa Meridional y el siglo XII”. Y lo más importante es que el hebreo y el arameo no aparecieron en los textos judíos hasta pasado el siglo X de nuestra era cristiana y “no fueron producto de un anterior desarrollo lingüístico autóctono. (Schlomo Sand)

Segundo: La expansión del judaísmo pasaría lo más probable por similares etapas que el cristianismo e, incluso, el islam más tarde.

La comunidad judía prosperó demográficamente en España musulmana gracias al proselitismo local en las últimas referidas regiones y a la inmigración hacia la península Ibérica y floreció culturalmente gracias a “la admirable simbiosis con el arabismo tolerante” que favorecía la consolidación del monoteísmo, lo que demostró la posibilidad de una sociedad multirreligiosa en un mundo medieval. 

Conclusión importante fue la de una Tesis Doctoral en 1965 de Uriel Rappaport en la que resume entre otras la siguiente: “Dada su gran  escala, la expansión del judaísmo en el mundo antiguo no puede ser explicada por el incremento natural, por la emigración desde la tierra natal o por cualquiera otra explicación que no incluyera a gente de fuera que se unan a él” [2]

Así resulta que los prosélitos Himyaritas (pueblo árabe originario de Yemen de cuyas tribus algunas emigraron hacia Palestina y Transjordania que hoy día son familias mayormente cristianas muy prósperas y de alto reconocimiento sociopolítico en Jordania) y bereberes palidecen ante los jázaros, que gobernaron desde el siglo IV a lo largo del Volga y al este de Ucrania en la península de Crimea y en la Georgia moderna. La Ruta de la Seda y el Don y el Volga dieron al reino un comercio rico y floreciente, así como los medios para mantener un poderoso ejército. Aunque el “lenguaje jázaro consistía en dialectos huno-búlgáricos más otros dialectos de la familia turca”, “no hay duda (…) de que la lengua sagrada de los jázaros y su lengua de comunicación escrita era el hebreo”. Los jázaros se convirtieron gradualmente al judaísmo entre mediados del siglo VIII y mediados del siglo IX, y lo hicieron por la misma razón “que explica la conversión de Himyar (…) a saber, el deseo de seguir siendo independientes frente a poderosos imperios expansivos (…) Si los jázaros hubieran abrazado el Islam (…) se habrían convertido en súbditos del califa. Si hubieran permanecido paganos, los musulmanes los habrían marcado para la aniquilación (…) El cristianismo, por supuesto, los habría convertido en tributarios del Imperio Oriental”. La conversión al judaísmo se inició con la élite, y con el tiempo abarcó a la mayor parte de la población. El judaísmo jázaro era sustancialmente rabínico, aunque también es posible que floreciera el judaísmo Kairate, una secta similar al protestantismo que considera a la Biblia hebrea como la única autoridad.

A semejanza de Al-Andalus, “el poder jázaro protegió a judíos, musulmanes, cristianos y paganos”. A finales del siglo X y principios del XI, Kiev, hasta entonces territorio vasallo del poder jázaro, se alió con Bizancio y derrotó el reino jázaro. El judaísmo pervivió en las ciudades, las estepas y las montañas para ser barrido por la conquista mongol del siglo XIII, exceptuando algunos vestigios que pervivieron en las montañas. El imperio jázaro estaba demasiado bien atestiguado “por fuentes árabes, persas, bizantinas, rusas, armenias, hebreas, e incluso por fuentes chinas” como para ser ignorado, pero Graetz, Dubnow, Baron y Dinur lo rechazaron por considerarlo un fenómeno pasajero, un rompecabezas, o el resultado de una migración masiva de la “Tierra de Israel”, o sea, negando a conciencia cierta el origen jázaro de los judíos europeo orientales. El único estudio israelí de los jázaros, realizado por Abraham Polak y publicado por última vez en 1951, aseguraba a sus lectores que ’una gran comunidad judía creció allí, de la cual los jázaros prosélitos eran sólo una parte’”. Sand sugiere que en los años 1950 y 1960 “los mercaderes israelíes de memoria” temían “por la legitimidad del proyecto sionista en caso de que se llegara a saber de forma amplia que las masas judías de colonos que se estaban asentando en Palestina no eran descendientes directos de los ‘Hijos de Israel’”. “La conquista de la ‘Ciudad de David’ en 1967 debía ser obra de los descendientes directos de la Casa de David y no, Dios nos libre, de descendientes de los curtidos jinetes de las estepas del Volga y del Don, de los desiertos del sur de Arabia o de la costa del norte de África.”[3] Esta es la engañosa esencia del proyecto sionista.

También hay que tener en cuenta el argumento popularizado por Arthur Koestler[4] autor de Thirteenth Tribe, “La tribu decimotercera”[5] publicado en 1976. Koestler fue un pionero sionista y estrecho colaborador con el líder derechista sionista Vladimir Jabotinsky. Defraudado por el proyecto de la colonización en Palestina acabó desilusionado y se convirtió en comunista sin dejar de apoyar al estado de Israel. Se opuso a toda clase de racismo en general y antisemitismo en particular. Con su afán de mantener ese apoyo al estado israelí y determinación de derrotar a la herencia (antisemitismo) de Hitler asestó, sin  quererlo,  un golpe mortal al proyecto sionista con su afirmación que los judíos asquenazis de Europa no son descendientes de los hebreos israelitas como lo divulga la imaginaria sionista estándar, sino que son los nietos de los Kházar, aquellas tribus que se convirtieron y profesaron el judaísmo entre los siglos VII y X de la era cristiana en la región Cáucasa al noreste del Caspio, después de que su emperador  cambiara su pagana religión primitiva. En la página 17 de su libro escribe:

“La gran mayoría de los judíos supervivientes en el mundo son de origen europeo oriental, y por ello quizá principalmente Kházaro. Si es así, esto significaría que sus antepasados no procedían del Jordán, sino del Volga, no de Canaán sino del Cáucaso, una vez considerado como la cuna de la raza aria, y que genéticamente están relacionados más estrechamente con las tribus de los hunos, los uigures y los magiares que con la semilla de Abraham, Isaac y Jacob. Si esto fuera el caso, entonces el término “antisemitismo” quedaría vaciado de significado, basado en un malentendido compartido tanto por los asesinos como por sus víctimas. El relato del Imperio Kházaro, como lentamente surge del pasado, empieza a parecer como el más cruel engaño que la historia ha perpetrado jamás.”

Así mismo, Koestler afirma que las tribus bíblicas (hebreas) nunca fueron de la pureza étnica que se le refiere. Las tribus israelíes eran, desde el principio, una mezcla de varios elementos étnicos, ya que en aquel tiempo varias poblaciones vivieron en Asia Menor, Siria, y Palestina como los asmoneos e hititas, entre otros. Los hebreos se mezclaron con todas estas poblaciones tal como lo confirma La Biblia:

  1. Así leemos que Abraham se casó por segunda vez con Agar, la egipcia (madre de Ismael, predecesor de los musulmanes);
  2. Yusuf se casó con la hija de un clero faraónico;
  3. Moisés se casó con Débora, oriunda árabe nativa de la ciudad de Médien, el norte de la Península Arábiga cerca de la frontera con Jordania;
  4. Sansón, conocido como el héroe judío, era un palestino, o sea un filisteo;
  5. La madre del rey David era de Moab, parte del sur de la actual Jordania al este del Mar Muerto, y él mismo se casó con una princesa de la tribu de los Guishor, (canánea); 
  6. El rey Salomón, cuya madre era hitita, tuvo muchas amantes que eran de Moab, Ammon, Edom, Zidon y del país de los Hititas (Asia Menor), y el Faraón le otorgó su hija en matrimonio.
  7. Además, era natural la gente en aquel tiempo imitara a sus reyes y líderes. Si los antiguos bíblicos reyes no tenían sangre pura, entonces llegamos a la lógica conclusión que apoya esa impureza de la población hebrea.

Tercero: no hay derecho perdido mientras esté vivo su reclamador

No cabe duda los responsable sionistas sigan sin conseguir atajar las diferencias respecto de su identidad que continúan generando fuertes debates dentro de la entidad sionista, y que son incompatibles con todas las normas mundiales y tradiciones internacionales.  Así comprobamos la definición de “judío” en la casilla de nacionalidad del pasaporte del israelí mientras el palestino le corresponde tener “árabe”. Esto es sin lugar a duda un racismo puro. Nadie lo niega salvo el sionista. Israel mantiene y desde su artificiosa creación la apropiación de la característica de que es el estado nacional de todos los judíos del mundo y no solamente de los israelíes. El término “estado judío” es tan aberrante y malintencionado como lo es perversamente discriminatorio. El término legalizaría por consiguiente la expulsión de Israel, por no ser reconocidos como ciudadanos sino un residente, a todo lo que no sea judío. Reduciría la lucha árabe sionista al término de “conflicto palestino israelí”, incluso la palabra “conflicto” a la palabra “disputa” sobre territorio en conflicto. Todo ello serviría para sostener el proyecto sionista que promociona la creencia y la aceptación de la existencia de un pueblo o una nación judía, sabiendo que los judíos ni son un pueblo ni una nación, ni una etnia. Simplemente porque el judaísmo es una religión, como el cristianismo o el islam, accesible a profesarlo cualquier persona sea europea, asiática, africana o de la raza que sea, convencida de su enseñanza y fe. Los israelíes no distinguen entre la lucha con los palestinos o con los árabes. Israel solo pretende establecer relaciones con los vecinos que conserven sus derechos estatales y hegemonía económica, aunque fuera a expensas de los intereses de los demás.      

LA TIERRA PALESTINA SE ESTÁ DESLIZANDO BAJO LOS PIES DE SU PUEBLO, EL DUEÑO LEGÍTIMO DESDE TIEMPOS DE ANTES DE JESUCRISTO. A PESAR DE ELLO, ESTA NACIÓN TAN ARRAIGADA EN LA HISTORIA MODERNA DE LA HUMANIDAD NO SE VE ARRANCADA DE SU TERRENO COMO LO ESTÁN INCANSABLEMENTE HACIENDO LOS ISRAELÍES, Y FUESEN LO QUE FUESEN SUS ACTOS DIARIOS DE VIOLENCIA Y HUMILLACIÓN QUE INFLIGEN SOBRE LOS PALESTINOS A OJOS DE TODO EL MUNDO PALESTINA SEGUIRÁ SIENDO TIERRA ÁRABE E ISRAEL JAMÁS SERÁ UN ESTADO LEGÍTIMO. JOSÉ MURIÓ EN EGIPTO HACE TRES MIL AÑOS. HOY DÍA SE PERSIGUEN A CENTENARES DE YUSUF PALESTINOS Y SU VIDA SE HACE DÍFICIL POR UNA HORDA DE RABIOSOS COLONOS.

EL ESPÍRITU DE RESISTENCIA PALESTINO SIGUE LATENTE Y EN ESPERANZA DE RECUPERAR SUS DERECHOS QUE CRECE EN CONTRA Y ES MÁS GRANDE AÚN QUE EL PERSISTENTE DESDEO DESTRUCTIVO ISRAELÍ DE TODA HUELLA ÁRABE EN PALESTINA. A PESAR DE LA OCUPACIÓN SIONISTA PALESTINA NUNCA SERÁ ISRAEL.

CON LA AYUDA DE LOS AMANTES DE LA JUSTICIA Y LA PAZ, LA NACIÓN ÁRABE PALESTINA SOBREVIVIRÁ Y SU ESTADO PRONTO VERÁ LA LUZ.

 

 

 


[1] Traducción del autor

[4] Deseos de poder. Pablo NIK, Edit. Lampedusa 2010. Barcelona

[5] Jewish History in Turkmenistan: An Overview

© 1999-2000 Jonah Gabriel Lissner, B.A.

Jewish History in Turkmenistan
or possibly all of the aforementioned.xiii According to ibn Habreus,
xxi Arthur Koestler, The Thirteenth Tribe : The Khazar Empire and Its Heritage,
http://www.kulanu.org/turkmenistan/jturk.html – 25k

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2 respuestas a Dilemas del sionismo

  1. Sara Gurfinkiel dijo:

    Artículo tendencioso, falta de seriedad, de conocimientos de hechos históricos.

  2. Me gustaría que me indicaras dónde está lo tendencioso del artículo.

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